jueves, 21 de marzo de 2024

La Adolescencia

Debo hacer una confesión… No sé si viene al caso, o si les interesa, pero es como una papa caliente que debo sacar fuera y ya El caso es que pasé casi toda la infancia y toda la adolescencia con la autoestima tan baja que me limitaba a mirar desde lejos a las minocas… babeando como babuino cada vez que la brisa otoñal me enseñaba un poco más de sus piernas o quedándome mudo cada vez que alguna se acercaba a conversar… bueno, no mudo como Rajesh pero regularmente no lograba una conversación fluida o siquiera interesante, porque al rato la pérfida partía a juntarse con sus pares y sus risas se escuchaban de lejos. Hoy en día comprendo, intelectualmente, que de joven yo tenía lo mío… y que estaba bien… pero es como si mi ego, mi superego y mi alterego se hubieran apatotado en un triunvirato desleal y decidieron abandonar a quién les daba cobijo y razón de ser. Y así deambulaba yo por el mundo, haciéndome el gil, tirando la talla, siendo amigui hasta de aquellas desesperadas que aceptaron pololear conmigo, hasta que un día, ya crecidito, me di cuenta que si seguía con esa filosofía no iba a culear nunca. El caso es que un día 19 de septiembre de 1978, sip, el año que vivimos en peligro, me contaron un secreto. Prepárate decenas de papelillos con tu número de teléfono, y a la salida del parque O’Higgins, donde las shiquillas se deshacen por toquetear a sus héroes al pasar, se los tiras a la chuña y ya verás, me dijo un oficial joven pero experimentado. Y así hice. Cientos de papelillos. Cientos de llamadas al teléfono la semana sgte (vacaciones) y mi ego volvió… que quieren que les diga, mi alterego también volvió y mi SuperEgo… bueno… ése se portó super. Hasta se pasaban el dato las cochinas… Sólo eso… me acordé de este curioso capítulo de mi vida al ver el desfile de esta mañana en TVN…