jueves, 21 de marzo de 2024

La Adolescencia

Debo hacer una confesión… No sé si viene al caso, o si les interesa, pero es como una papa caliente que debo sacar fuera y ya El caso es que pasé casi toda la infancia y toda la adolescencia con la autoestima tan baja que me limitaba a mirar desde lejos a las minocas… babeando como babuino cada vez que la brisa otoñal me enseñaba un poco más de sus piernas o quedándome mudo cada vez que alguna se acercaba a conversar… bueno, no mudo como Rajesh pero regularmente no lograba una conversación fluida o siquiera interesante, porque al rato la pérfida partía a juntarse con sus pares y sus risas se escuchaban de lejos. Hoy en día comprendo, intelectualmente, que de joven yo tenía lo mío… y que estaba bien… pero es como si mi ego, mi superego y mi alterego se hubieran apatotado en un triunvirato desleal y decidieron abandonar a quién les daba cobijo y razón de ser. Y así deambulaba yo por el mundo, haciéndome el gil, tirando la talla, siendo amigui hasta de aquellas desesperadas que aceptaron pololear conmigo, hasta que un día, ya crecidito, me di cuenta que si seguía con esa filosofía no iba a culear nunca. El caso es que un día 19 de septiembre de 1978, sip, el año que vivimos en peligro, me contaron un secreto. Prepárate decenas de papelillos con tu número de teléfono, y a la salida del parque O’Higgins, donde las shiquillas se deshacen por toquetear a sus héroes al pasar, se los tiras a la chuña y ya verás, me dijo un oficial joven pero experimentado. Y así hice. Cientos de papelillos. Cientos de llamadas al teléfono la semana sgte (vacaciones) y mi ego volvió… que quieren que les diga, mi alterego también volvió y mi SuperEgo… bueno… ése se portó super. Hasta se pasaban el dato las cochinas… Sólo eso… me acordé de este curioso capítulo de mi vida al ver el desfile de esta mañana en TVN…

jueves, 27 de julio de 2023

La venganza es un plato que se sirve frío

Ya estábamos en segundo semestre y quien les escribe tenía el honor de ser alumno distinguido, lo cual traía consigo una serie de privilegios como ser eximido de participar en disciplinarios grupales y, más importante, salida todos los miércoles por la tarde... y así comienza nuestra historia. Llegaba yo a la escuela después de una de mis salidas, a eso de las 11 de la noche, y luego de la presentación al Fifo de turno, de cuyo nombre no me acuerdo ni quisiera recordar tampoco, me dirigí en la oscuridad a mis aposentos, que se asemejaban a un establo en el que 20 animales roncaban a pata suelta. Luego de quitarme la tenida junto a los lockers me dirijo en silencio a mi cama y me encuentro con que el colchón estaba en el suelo y mis pegajosas sábanas anudadas y regadas por toda la comarca. La situación descrita no era un procedimiento anormal dentro de los confines de la escuela y se aplicaba generalmente a modo de escarmiento ante alguna afrenta a la bandada o escuadrilla o alguna abierta deslealtad de alguno de sus miembros; sin embargo yo no recordaba haber caído en ninguno de aquellos delitos, no hasta ese momento al menos, por lo que la razón para ello permanece un misterio hasta el día de hoy. En fin, en vista de las circunstancias no me quedó más remedio que apañármelas solito con el colchón y tratar de desanudar las sábanas, todo ello en medio de la oscuridad. Y en eso me encuentro, maldiciendo a viva voz ante un nudo particularmente complicado, cuando de entre las sombras se aparece el Fifo y me espeta estar faltando el respeto a mis compañeros rompiendo el silencio de su descanso, ordenándome salir al pasillo con el colchón a cuestas a modo de castigo. Les juro que no recuerdo cuantas vueltas a las escaleras estuve dando, parrí’a y pa’bajo, sólo recuerdo que los peldaños ya estaban mojados con mi transpiración y que las piernas me temblequeaban ante el esfuerzo. Ya cadete, ahora vaya a acostarse, me ordena el Fifo y parto rengueando hacia mi cubículo, maldiciendo en mi interior a la señora madre del Fifo y a las mamitas de todos quienes eran responsables de aquel inmerecido suplicio. Para colmo de males, ni pensar en el descanso inmediato pues, entre otras cosas, mis sábanas aún estaban regadas por el suelo, de modo que me dispongo a tratar de resolver el acertijo de nudos que me llevó al calvario cuando se aparece el señor subfifo exigiendo una explicación por todo ese despelote. Para más desgracia el subfifo era amigo mío, por lo que le explico en un lenguaje bastante coloquial la razón de mis desventuras, agregando al final que si veía por ahí al maricón de mierda del fifo le diera un besito de mi parte. No bien termino esa frase cuando, de nuevo de entre las sombras, se aparece el aludido… Por la concha de mi madre… cómo les explico cabros… en fin, esta vez sí que fue sacadero de cresta en grande, más de media hora en la losa, a medianoche solos él y yo… y mi fiel colchón claro, cuyo tamaño ayudaba a que la luna no pudiera ver la humillante escena de un exhausto cadete Petersen vomitando hasta el alma. En medio del oprobio me encontraba cuando se aparece por la losa el señor oficial de servicio, teniente(A) Sr don Ricardo Ortega, quien en su infinita bondad procede a detener la carnicería y a penquearse al sádico por idem, ordenándome volver a la cama. Como pude agarré mi colchón y maldiciendo por lo bajo a la gran puta de la madre y la hermana y las putas tías del conchesumadre de servicio y a otras que no quiero nombrar por cariño a mis camaradas de bandada, volví al dormitorio para proceder, esta vez en completo silencio, a arreglar el amasijo de mi cama y pasar el resto de la noche mirando el techo y rumiando mi venganza. Quiso el destino que al día siguiente, a la hora del almuerzo, sirvieran esa pasta de humita, una crema pastelera de consistencia gredosa y alta tensión superficial que la hacían pegarse al plato incluso en vuelo invertido, despreciada por todos excepto por este carnacha que a menudo terminaba zampándose casi toda la fuente de 8 porciones… tenía también la particularidad de poder generar más gases que todo el oriente medio y claro, después de aquella poco frugal merienda, mi pobre estómago ya estaba sufriendo eventos cataclísmicos. Llegada entonces la hora de la cuenta de la tarde, en el patio escuela frente al palafito, y estando todos formaditos en posición firme, su servidor comienza a ejercitar sus tripas y, en un esfuerzo descomunal, lanza a los cuatro vientos a la madre de todos los peos. En completo silencio eso sí, como peo de visita. Y llegados los efluvios a las narices de nuestro bienamado brigadier, Sr. Carlos Mandibulín Rivera, éste hace amago de evacuar la zona contaminada y exigir, indignado, el nombre del terrorista. Silencio en las filas. –“Quién fue”, volvió a la carga Rivera, -“no me gustan los fondeados!”. Silencio en las filas. –“Muy bien, ya que el fondeado no quiere dar la cara, toda la bandada tendrá disciplinario esta noche, excepto Petersen por ser alumno distinguido”. Y así fue, queridos camaradas, cómo este Mono pudo acostarse con toda tranquilidad esa noche, mientras a los desleales les sacaban la cresta en la losa. La venganza es un plato que se sirve frío.

miércoles, 13 de enero de 2010

Duncan Silva aperrando en Haití


El sismo de mayor intensidad registrado en el Caribe en 200 años azota al país más pobre del continente americano. Epicentro se ubicó a 16 km de la capital, Puerto Príncipe, a una profundidad de 10 km. El sismo ocurrió a las 16:53 horas y esta madrugada seguían las réplicas. Se derrumbaron la catedral, el Palacio de Gobierno, ministerios y la sede de la misión de la ONU, entre otros muchos edificios y casas.

"Creo que mañana, cuando vuelva la luz, nos vamos a encontrar con grandes y desagradables sorpresas" declaró anoche a "El Mercurio" desde Puerto Príncipe, el coronel de la FACh Duncan Silva, jefe de la unidad de helicópteros de la misión de Naciones Unidas en Haití (Minustah).
El fuerte terremoto de ayer también sorprendió a cerca de 500 militares chilenos que se encuentran en ese país los que, según confirmó el alto oficial, están sin novedad alguna.
Tras el sismo, la unidad de helicópteros que comanda Silva inició de inmediato operaciones aéreas de salvataje, las que tuvo que suspender por la llegada de la noche. Puerto Príncipe en una ciudad que carece de suministro eléctrico constante y que, por ello, permanece regularmente a oscuras.
"Ahora, lo que pudieron ver nuestros pilotos ayer fue desolador: destrozos y casas por el suelo", relató Silva.
Agregó que aunque la unidad tiene capacidad de operar sin luz se optó por reiniciar las labores de rescate a primera hora de mañana (hoy). "A las 06.30 los tres helicópteros de la unidad comenzarán a volar. Ahora, lo que alcanzamos a ver antes que anocheciera fue dramático y creo que lo de mañana (hoy) será peor", dijo.
Silva confirmó que el personal de la embajada chilena se encuentra sin novedades, aunque el edificio de Minustah donde también operan compatriotas, quedó fuertemente dañado.
Sobre el terremoto relató que, pese a que el personal chileno, está habituado a los sismos, el movimiento telúrico de ayer causó alarma, ya que fue ondulatorio y tuvo muchas réplicas.
"Estábamos terminando nuestras labores, cerca de las 16:40 horas, cuando sentimos el movimiento de tierra muy fuerte y ondulatorio, distinto al que conocemos en Chile. Nuestra unidad sufrió daños menores, muebles y esas cosas, pero tanto el personal como nuestro material aéreo no tuvieron percances", declaró.
Sobre la posibilidad de víctimas civiles Silva dijo que anoche no podía confirmar nada oficialmente aunque era obvio que deberían aparecer.
"Recién mañana vamos a dimensionar lo que sucedió", dijo. Anoche, militares chilenos se desplazaron para reforzar el hospital de campaña argentino, al que también se despacharon medicamentos e insumos para afrontar la emergencia.


Escuchemos las primeras impresiones de Duncan sobre esta tragedia en un enlace de radio:

miércoles, 23 de diciembre de 2009

El Aguilucho Diciembre 2009



Estimado Curso Aguilas

La ocasión es propicia para entregar a Uds. un último editorial escrita por nuestros colaboradores y agradecer a todos ellos los mensajes que nos envían y solicitudes de que cuando volvemos a escribir.

Hemos estado un tanto ocupados, con muchgo trabajo, con muchas novedades y así estamos terminando este año. Vaya para todos Uds., nuestros deseos de felicidad, que haya mucho trabajo y nos traiga nietos, hijos a algunos aún y salud por sobre todas las cosas.

Reunión de ingenieros
El Director de la Academia Politécnica Aeronáutica invitó a sus compañeros Aguilas Ingenieros (los que egresamos en la especialidad el año 1976) a una reunión de camaradería, la cual resulto muy grata y agradable.
Nos recibió su señora, luego nos dio una visita por las instalaciones y posteriormente fuimos a un almuerzo - once - comida que resultó de lo mas entretenido.
Asistió uno de los mas perdidos del curso, el Gato Flores quien junto a su señora hicieron su aparición desde el sur, otros varios de provincia también asistieron junto a sus señoras, entre ellos Marcelo Amaral, Julio Mena, Eduardo Salas y otros que se me han quedado en el tintero.

Pollo Gorospe
Hemos tenido noticias del pollito, está bien (sigue hablando jajajajajajaa..........hay que alegrar estos escritos), junto a varios del curso fue visitado a domicilio en su bella Viña del Mar, entre Quintero y Los Vilos, fue almuerzo ameno, distendido y no hemos tenido retroalimentación del mismo.
Felicidades pollito

Corcel Espía
¿Como estuvo esa, quien lo vio y quien lo ve? jajajajajajaa.......junto al carro que tira o tracta todos los días, el corcel con su pelo engominado se dirige a su establo, perdón a su trabajo,......larga vida te deseamos negro corcel y seguiremos esperando tener mas sorpresas tuyas.

Los del extranjero
Han seguido llegando desde el extranjero y simplemente no se si han puesto con algo para sus compañeros de curso, al menos las veces que asistí a los miércoles de fin de mes, mas de uno se ha hecho el cucho, increíble pero así es la vida.
Tenemos una promesa no materializada por ahí, de que pondrán una pierna de Jamón Serrano para todos los que asistamos en fecha por confirmar. así que a juntar hambre amigos.

Dicen que vienen cambios
No se si se refieren a la presidencia, a las destinaciones, al trabajo, a la familia o a otro tipo de cambios, pero todo cambio es bienvenido. Los que se acogen a retiro, sean bienvenidos, no se pasa mal, pero es diferente. Los que sigan criando niños, aprovechen esa linda etapa, los que aumenten los nietos, malcriarlos todo lo posible y en fin.

Feliz 2010


Atte.
Buno

lunes, 7 de diciembre de 2009

MY NAME IS B.....



El curso y el país entero aplaude de pie a nuestro caballuno camarada por un trabajo bien hecho. Well Done double o!

ACOMPAÑANDO AL POLLO

Estimados Aguilas, tal como les informé la semana pasada, estuvimos almorzando con Gustavo Gorospe en Viña. Fuimos Iván Sandoval, Eduardo Marchant, Teco Ramírez y Eugenio Aparicio.
El pollo está aún en tratamiento y será evaluado nuevamente por una junta médica a mediados de diciembre. De ánimo está bien y físicamente se ve más recuperado. De hecho subió 10 de los 20 kilos que perdió, producto de la operación, donde le extirparon gran parte del intestino.
Nos va a avisar cuando tenga que venir a su control. En una de esas lo acompañamos algunas horas mientras esté acá en Santiago.
Su celular es el 096504378

Atte,
Sergio Riquelme

lunes, 2 de noviembre de 2009

Escuela de Aviación en serie Los 80 de canal13

En la popular serie "Los 80's" de canal 13, el hijo del protagonista ingresa a la Escuela de Aviación y lo muestran en varias situaciones típicas de la vida de escuela, incluyendo aquellas relacionadas al vuelo.
Aqui mostramos dos pequeños cortos de video extraídos de la popular serie de tv, que traerán recuerdos a más de un Aguila.

Primer Vuelo Solo:



En el anterior video sólo faltó el aceite, porque el actor debía filmar otras escenas. En el video siguiente se muestra a un cadete en una aparente indisciplina de vuelo, con un castigo que a estas alturas nos parece irrisorio pero muestran otro castigo muy conocido para todos nosotros:

sábado, 24 de octubre de 2009

Coronel Hormiga computea en Salitre y deja la página del curso botada!







El Grupo de Soporte Informático de Comunicación (CIS), enfrenta el desafío de mantener comunicados de manera interna a todos los componentes del Ejercicio Salitre II. Este es un grupo especializado que utiliza las Tecnologías de la Información (TIC´s), el cual montó todo lo necesario para tener un servicio acorde a la exigencia de la operación.

“Nuestro trabajo comenzó hace tres meses. Tuvimos que definir y luego montar toda la estructura informática y la de comunicación, para que cuando comenzara Salitre II, estuviera todo listo”, dijo el Coronel de Aviación, Mario Soto, del Centro de Informática y Computación (CIC) de la Fuerza Aérea de Chile, quien está en Cerro Moreno articulando el trabajo de la dependencia. Para ello, se instalaron redes físicas de cables, de radio e inalámbricas, donde lo más complicado es configurar y poner en funcionamiento todo eso.



Extracto web fach, vierns 23 de Octubre 2009, a raíz de los ejercicios conjuntos "Salitre 2009" en el que participan las Fuerzas Aéreas de Chile, Argentina, Brasil, EEUU y Francia.
 
PD: Nótese lo que el Coronel Hormiga mira en su computador durante su trabajo!

jueves, 22 de octubre de 2009

Todos sabíamos que Silva era malo!





Coronel Arturo Silva
Este es el malo de la película!

Afortunadamente Silva no puede ganar. Simpática y campechana, la imagen del coronel Arturo Silva engaña, pues en el guión de esta guerra ficticia es el encargado de representar a un líder rebelde que invade a dos países que piden ayuda a la ONU para restablecer el orden.
“Soy malo, pero nunca tanto”, bromea, no sin antes aclarar que en la práctica no tiene ninguna posibilidad de ganar “pues estos ejercicios están diseñados para probar las capacidades de las fuerzas aéreas conjuntas, que siempre son superiores", aseguró.


Extracto prensa, jueves 22 de Octubre 2009, a raíz de los ejercicios conjuntos "Salitre 2009" en el que participan las Fuerzas Aéreas de Chile, Argentina, Brasil, EEUU y Francia. Nótese que el Coronel Silva dedica su tiempo a leer este blog...

viernes, 2 de octubre de 2009

El caso Scavia resuelto

INFORME ESPECIAL




UNA VISIÓN MÁS DEL NOTABLE CASO SCAVIA

La multitud obedece más a la necesidad que a la razón, y a los castigos más que al honor.
Aristóteles

En un veraniego atardecer de inicio del año 1977, en donde aún los recuerdos de las suculentas vacaciones estaban frescos, escucho ¡Salir todo el curso de Subalféreces del Casino y formar afuera del recinto!. Esas eran las palabras de un compañero de curso que pasa cerca mío y confirma que se nos acababa tempranamente el divertimento y lógicamente significó soltar al "reclutón" de turno, apagar los puchos, aún largos y salir corriendo para llegar antes que el Alférez de Servicio dijera "……. 2, 3 Subalféreces Altooooooo !".
Luego de llegar al punto de reunión, me percato que todos concurríamos desde distintos lugares para juntarnos una vez más en torno a la 1ª, 2ª y 3ª fila. Levemente agitados debido a los efectos nocivos del período estival aludido anteriormente. Recuperábamos el
aliento y tomábamos conciencia de que se trataba nuevamente de una formación de escuela y ante los gestos y preguntas que nos hacíamos para explicar la situación, muchos nos encogimos de hombros y luego decíamos "….no tengo la menor idea h…..".
Expectantes, atentos y nerviosos por esa inusual formación; no obstante el ambiente era normal y como buenos chilenos, la incertidumbre y curiosidad sirvió para que comenzaran las fantasías y en eso si que éramos buenísimos. Los más atrevidos y cancheros se esmeraban para encontrar alguna explicación al fenómeno y las posibilidades iban
desde una Salida General, por que supuestamente las calderas habían colapsado, hasta una movilización de las FFAA, decretada por la Junta de Gobierno.
Las órdenes las daba el Fifo, el que era secundado por su fiel Subalférez de Servicio, que por las chiquilladas del destino se trataba del singular, para nada moderado e histriónico Alejandro Segura. Ambos para esa época del año, estaban debutando en sus nuevas funciones y en conjunto se constituían como los personajes más urgidos, histéricos y estresados de la escuela, sobretodo en ocasiones como las que relato, en que por lo inusitado de la formación, pocos se enteraron y eso implicaba que la cuenta no calzara. Si además le sumamos la mirada del Oficial de Servicio por sobre sus hombros, ni hablar.
Dicho sea de paso, este último actor, era nada menos que Don Víctor Rodríguez Slimin, más conocido por su nombre de combate: el "Rata". Hombre cuyo apodo le calzaba en plenitud a su personalidad y que se mostraba ansioso, como era su costumbre y con esa predisposición, la escena era de un singular histerismo.
Entremedio de los personajes hasta ahora descritos, se podía distinguir un muchacho de aspecto desgarbado, moreno, que su rostro traslucía una incógnita tremenda, como diciendo "Dónde estoy?", "Qué es esto ?". Ese era el afamado Cadete Scavia y si afinábamos la visión podíamos percatarnos que estaba semi-mojado; vale decir, la parte superior de su fatiga estilando y las piernas parcialmente secas. Pero, salvo esa particularidad, nada hacía sospechar el huracán que se nos venía encima.

¡ Adiscreción !. Fue el rugido del Rata, después de recibir la cuenta. ¡ Poner atención los Subalféreces !, ruge nuevamente. ¡ Acá tengo a un recluta que dice haber cumplido la orden de un Alférez, que lo mandó a ducharse, pero vestido!................... ¡Por lo tanto quiero que pase al frente el desatinado!. ………………………..…………………(silencio sepulcral)…………..……..……………… ¿Nadie ?.......¿ Nadie mando a la ducha a este reclutón ?.............(silencio eterno).
Los que no teníamos nada que temer, nos sentimos aliviados de
no haber sido el bromista o el agraciado, si es que se le puede llamar así. Pero éste fue un estado pasajero, por que a medida que pasaba el tiempo y el mutismo era más marcado, nos comenzamos a creer incluso culpables y surgían hasta las ganas de hacer un acto de heroísmo puro y decir: yo fui !!, para darle una pronta salida, digna y meritoria al asunto. Sin embargo, a medida que se hacía manifiesta la actitud de fondearse del verdadero culpable, ya no quedaba espacio para aquel acto de arrojo, por que éste significaba la auto inmolación. En ese momento me dije: El tema va para largo.
El Rata toma su primera resolución y ordena que el Cadete pase una revista a la Escuadrilla completa. El recluta comienza sus pasos por el frente de los hidalgos Subalféreces y éstos en posición firme y casi sin respirar, fueron sometidos al impensable movimiento. Uno a uno fue pasando por la primera fila y todos, en lo más íntimo de nuestros espíritus, asumíamos dos acciones: primero rogábamos para no ser identificados, ya que considerando el grado de confusión que reinaba, el desatinado podría ser cualquiera de nosotros. Si eso pasaba, ¿cómo explicábamos que no éramos?, ¿cómo nos sacábamos ese manto de deslealtad, desatino y deshonra?. Y segundo, preparábamos nuestros más extremos reparos y reproches a quién saliera reconocido, por el mal rato que nos había hecho pasar y por los conceptos valóricos pasados a llevar - obviamente que sin considerar que momentos antes habíamos estado jugando con los "reclutones", léase en forma literal y en el marco de esos juegos, a muchos seguramente los habrán mandado a ducharse, solo que a Scavia no le pareció anormal hacerlo con ropa.

Nada, el cadete pasó observando a cada uno de nosotros, dudo que nos haya mirado y no hubo caso de reconocer a su verdugo. El problema ya era mayor. El Rata, teniendo en consideración que la tarde estaba avanzada, nos ordena giro a la derecha, en dirección a la losa, a un terreno más ad-hoc, en donde había mayor espacio y luz para su segundo designio.
El lugar elegido para ésto fué el sector sur-este de la losa de estacionamiento de aviones, apegaditos a la antigua edificación que albergaba al Tatami y la Sastrería de Cadetes. Pero dada la lógica del Oficial de Servicio, conocedor del régimen de Colorado Springs, el trayecto indudablemente tendría sus complicaciones y una perspectiva baja,….muy baja, por cuanto lo que hicimos fue dirigirnos a la losa con el paso del enano. No me hacía reír nadie, ni el Condor que nos observaba con su real cresta, detrás de un árbol añoso, testigo de las penurias de generaciones y generaciones de Cadetes.
En ese curso de Subalféreces, del año 1977, había un personaje singular y este era el Subalferez Alejandro Olivares, hombre corpulento cuyo rostro denotaba un buen pasar culinario, de fácil sonrisa, tosco de piel y pelo pincho en degradé - el cabello al cielo, de tono negro en el top, perdiendo el color a medida que bajaba y terminar blanco, en las zonas del cuello - su aspecto físico siempre dejaba mucho que desear, debido a sus glándulas sudoríparas, las que se manifestaban todo el día y sob
retodo en verano, mojando su fatiga en los lugares más insospechados. En resumen, su lock era similar al fogonero de la Corbeta Esmeralda, en pleno combate y para nada pasaba como candidato a Abanderado o a Tambor Mayor; más bien, era postulante a fusilero y merecedor de la típica frase del entonces Teniente Sergio Canales Valdés, quien gritaba: ¡ Pásate a la tercera fila y escóndete, Cadete picannnnte !.
Definitivamente el Guatón Olivares no era del gusto de muchos de los Oficiales y lógicamente tampoco lo era del gracioso Rata.
¡Levantarse!, dice mi Teniente. Que alivio, estirar las piernas y sentir que la sangre nuevamente retornaba a los pliegues traseros de la rodilla
y se reencontraba con mis articulaciones, distendimos los ligamentos y acto seguido maldecíamos al fondeado. Qué culpa tenía mi musculatura, hasta ese entonces bien cuidada y de culto?.
¡ Alinear !, ¡ Vistal !, ¡ Vistaaaallll Fré !. Nadie más se mueve.
Pues bien, como no sale el Subalférez, vamos a separar las filas y el Cadete Scavia los revistará uno a uno, hasta reconocer al fondeoooooo!!!.
Esa era la segunda medida implementada por, a esas alturas, el Rata Con……….. . Luego nos distanciamos las tres filas y el Cadete en cuestión, inicia su fatal peregrinar, por que esa pasada le costó su futuro casi inmediato. Nos miraba uno a uno, con su cara de espanto y a sabiendas que se lo comerían una vez finalizara el bochornoso incidente. Nada nuevamente.
Ante los nulos resultados de las dos revistas anteriores, mi buen Teniente se ilumina y cree encontrar la medida justa que le permitirá encontrar al malhechor y ésta consistía en seleccionar una cantidad de Subalféreces, los que pasarían adelante y además los haría hablar, para que de ésta forma el Cadete Scavia pueda no solo reconocerlo por su apariencia, sino que además p
ueda identificarlo por su voz y modo de dar la orden. Brillante idea!.
Dicho y hecho, el Rata comienza la maniobra y era el momento perfecto para elegir a sus regalones; vale decir, los que tenían un perfil, según él, de malacates, cogoteros, desfachatados, chicos, guatones, pelaos y espinillentos. Según pasaba por las filas, iba sacando a sus especimenes y los mandaba a formar al frente de la Escuadrilla. Así llegó a reunir como a 20 ilustres Águilas, los que indudablemente no se sentían muy placenteros, ante tal vejamen. La lista de los que salieron adelante
es hoy un enigma y no vale la pena recordarla, pero en ella estaba indudablemente Olivares (Nota del Editor: Y el Mono también!).
A no dudar que los que nos habíamos quedado en la fila, nos sentíamos favorecidos, por que al menos no estábamos en la mira de nuestro Scherlok Holms y podíamos tomar "palco", de lo iba a suceder.
Olivares quedó de segundo hombre, de la veintena que conformaba la escuadra de fierro. Todos estaban con cara de degollados y el Rata comienza su inspección exhaustiva desde la cola hacia la cabeza, en compañía del Recluta, que a esas instancias ya era un cadáver viviente, mirándolos con un semblante que denotaba una completa confusión.
Por cada Subalféres que revistaba, la decía a Scavia: "……..es éste el Alférez que lo mandó?",a lo que el recluta le contestaba " no…no mi Teniente". Posteriormente los hacía hablar, decir algunas palabras en voz alta y denotando una orden, pero nuevamente obtenía un "No, no, mi Teniente".El pobre Scavia respondía en voz baja y más que respuesta era una súplica para que lo dejaran tranquilo y terminar de una buena vez ese fatídico día.
El siguiente Cadete de 2º año, "……….es éste el Alférez?", preguntaba y un "no", obtenía por respuesta. Pero no contento con ésto y mirando fijamente al elegido, volvía a insistir "…..está seguro que no es éste". "No mi Teniente", le reiteraba el recluta.
A medida que pasaba y no había resultados, lógicamente las posibilidades se le estrechaban, hasta que llegó a Olivares. Lo mira igual que a los otros, pero la diferencia fue que a éste lo observ
ó con una sutil sonrisa en su rostro, como diciendo éste es y al mismo tiempo era la oportunidad justa para deshacerse definitivamente de aquel personaje que no le simpatizaba; con esto, además le podía dar satisfacción a las añoranzas de los otros Oficiales, los que en su imaginación seguramente le estarían pidiendo a gritos que aprovechara ese penal y lo pateara como Dios manda.
"……….es éste el Alférez?", dijo con su voz gruesa y transmitiéndole seguridad al recluta. Respuesta: "No", por enésima vez.
Mírelo bien pues reclutón, no lo reconoce?, ¡ Estoy seguro que éste es!, comentándose así mismo, en un tono de convicción profunda y olvidándose del motivo que nos convocaba. Continúa: Si señor usted es, ……..haber hable y diga "Cadete usted es un Cerdo".
Cadete, usted es un Cerdo…….. Mi Teniente !!, grita el agraciado Olivares, dándole en el gusto a su interlocutor y aproximándose a lo que sería el desenlace de esta historia.
Usted es, usted es el fondeaooo, Olivares !!!.
¡ No mi Teniente, yo no soy!, fue la respuesta casi en el límite de su paciencia.
¡ Usted fue Olivares!. Era la convicción y el Oficial en estado de máximo éxtasis. La respuesta fue casi instantánea: ¡ No, yo no he sido mi Teniente!, convencido que los dados estaban en su contra. ¡ Si señor, usted fue !. Insistía como un niño. ¡ No, yo no soy mi Teniente !. Como otro chiquillo.
Repita Olivares, usted fue!! Y en ese preciso momento mi buen Subalférez se ilumina y se percata que el penal lo podía patear él, no lo duda, toma la iniciativa y le grita en la cara al Oficial de Servicio de Escuela, con toda la energía que le quedaba: ¡¡¡……… Usted fue mi Teniente !!!, ya aburrido y saturado de tanta estupidez acumulada.
El resto de los presentes no nos aguantamos las ganas de reír a carcajadas, ya que con esa respuesta, que se podría catalogar de imbécil, el Subalférez Olivares le dio un merecido portazo al Rata en cuestión, en legítima defensa, considerando que era una imputación injusta
y antojadiza. Nosotros que estábamos observando esta escena digna de una película de Federico Fellini, sencillamente aplaudíamos al Guatón. ……Maestro!!!.
En qué terminó el lamentable caso Scavia?: el Ca
dete vio truncada sus aspiraciones de ser un Aviador, se retiró a la semana de haber pasado el incidente, hubo heridos, también bajas, sudor, malos recuerdos, rencores hasta hoy guardados, el caso es que se trata de una historia que pasó hace 29 años y aún hay quienes buscan al culpable; pero, no será tarde?, si después de tanto tiempo esa persona ya no existe. La chiquillada fue solo eso y hoy, cuarentones, nos queda reírnos y recordarnos de la heroica respuesta del Guatón Olivares.

Un valioso aporte de: Eduardo Marchant

jueves, 1 de octubre de 2009

A la caza del Zorro

A LA CAZA DEL ZORRO
Autor: Supertribi

En su corcel cuando sale la Luna, aparece el bravo Zorro
Al hombre de mal, él sabrá castigar, marcando la zeta de Zorro
Zorro, Zorro, Zorro.

Prólogo
Esta historia se inicia una fría tarde invernal, de un lejano día del mes de Julio ¿el año? ciertamente en el siglo pasado, 1977. Un Subalférez de la vilipendiada Escuadrilla Aguilas (sucedió apenas 5 meses después del Incidente Scavia) abandonaba sonante y campante la Escuela, por el Pórtico Principal, hoy denominada Puerta Antigua, con una sonrisa socarrona en el rostro y en su libreta de salida una nota que decía: cumpleaños. Plop.
La acostumbrada peladilla matinal en el pabellón de estudios, que se estilaba en aquella época jurásica, no se había podido realizar porque el festejado, inteligentemente, había tramitado por secretaría su permiso el día anterior, evitando así salir a peticiones frente a toda la Bandada y solicitarlo a viva voz al Teniente.
Notable y perspicaz plan, que aparentemente le permitiría salvarse del ritual. Aparentemente nomás, porque bastó una simple visita a la oficina administrativa de la 6° Bandada para confirmar el rumor. El Zorro efectivamente estaba con salida especial, por estar de cumpleaños, y no le había avisado a nadie. Nos sentimos profundamente decepcionados por su actitud poco amistosa.

Capítulo I – La Confabulación
Sorprendidos por la sagacidad del ya mencionado espécimen, acordamos dejar los saludos protocolares para su regreso, que en casos como ese se produciría tarde, muy tarde, cercano a la medianoche, cuando el toque de queda para cadetes entraba en vigencia.
Así que con toda calma iniciamos los preparativos, definiendo en primer lugar el obsequio que le íbamos a entregar. Hubo varias ideas, algunas muy ingeniosas, como el lavado intestinal con un tubo de Pepsodent. O la remoción de la placa bacteriana con betún Nugget.
Al final primó la cordura y decidimos regalarle un producto de tocador. Un champú experimental, versión Beta, anticaspa con propiedades reconstituyentes de la inteligencia. Según nuestra fórmula químico-profiláctica, la aplicación del bálsamo en cuestión permitiría irrigar el cerebro del Zorro, a través de los folículos pilosos, y por medio de un goteo, exógeno y ultrainvasivo, alimentar sus neuronas vírgenes en forma aleatoria, circunvirúmbica y transversal. ¿Capici?
Conforme, dijimos, manos a la obra. Empezamos por juntar en una bolsa plástica, debidamente esterilizada, abundante polvo de tiza (qué viejo) mezclada con pasta de lápiz azul, rojo y verde, generosamente donada por la asamblea y una pizca de cera de piso. Comenzó a formarse una masita opaca y gomosa, de aspecto muy pero muy feo.
Durante la cena se agregaron otros ingredientes: unas cucharaditas de aceite, otras de vinagre, abundante sal, medio vaso de jugo y un rico postre de sémola, que se cortó al tiempo uno. Y en la hora de casino, cenizas de cigarrillo, desde los más populares (Hilton 100, Belmont lo máximo) hasta los más selectos (Phillip Morris, Benson & Hedges).
Finalmente, un toque italiano, las pastas: de dientes y de afeitar. El resultado, un menjunje maloliente y pegajoso, que más que champú parecía vómito de Alien. Pero nos teníamos fe, era nuestra fórmula mágica, la pócima milagrosa, pasaporte directo al Premio Nobel.

Capítulo II – El Campo de Batalla
Nos fuimos a nuestros aposentos, aprovechando las garantías, privilegios y bondades del régimen de Escuela “tipo americano”, que autorizaba a no formar en la cuenta de la retreta y acostarse después de la hora de casino. Optimo. Era invierno, hacía frío, un poco lluvioso, ideal como para irse al sobre temprano.
Vivíamos felices en el último pastelón del ala weste, primer piso del dormitorio, una execrable y mohosa celda común, que albergaba a unos 30 reclusos de 2º Año, y que recibía el mote de “Sala Cuna”. Según el antiguo testamento, ese nombre provenía de pretéritos tiempos, cuando la Escuela era de 5 años. Los cadetes reclutas, que ingresaban con 13 o 14 años de edad, dormían ahí, por eso lo de Sala Cuna.
Nos tomamos un tiempito para habilitar el salón de baile, con algunas sorpresitas para el cumpleañero. El estante, metálico de tres cuerpos, lo corrimos hacia delante y girándolo en 180 grados lo pusimos de cara a la pared. La cama, ubicada en la última hilera de camarotes, con sábanas cortas. El pijama de franela celeste, marca Mentor, con nudos en las extremidades. La ampolleta roja, que iluminaba nuestras largas noches invernales, giro a la izquierda, off.
Antes de seguir, una aclaración: en la Sala Cuna habían 4 hileras de camarotes, separados por corridas de estantes, por lo que existían, por así decirlo, dos pastelones independientes. Uno era compartido entre los reos más peligrosos de la 5ª (mitómanos, “peófilos” y onanistas) y el primer tercio de la 6ª. El resto de los antisociales estábamos en el otro pastelón.
Bueno, el cansancio terminó por vencernos y sin darnos cuenta, los anfitriones nos dormimos uno a uno, olvidándonos que teníamos una fiesta de cumpleaños pendiente. ZZZZZZ

Capítulo III – Del Acecho a la Persecución
Muy avanzada la noche un extraño ruido nos despertó. Alguien estaba en la oscuridad, pasando la mano de lado a lado por un estante (Parece que era él). Ese alguien tardó algunos minutos en darse cuenta que el estante estaba al revés (Hum, era él). Y tardó varios más en girarlo y ponerlo de nuevo en posición normal. (Definitivamente, era él).
Todos permanecíamos en completo silencio y atentos para actuar en cuanto se diera la orden. Después de todo algo de criterio había en el plan, en el sentido que la tenida de salida era sagrada y no podía sufrir ningún tipo de daño (Artículo 31, 1er. Tomo del Cateo de la Aerolaucha y su Reglamento Complementario). Esperaríamos entonces a que se desvistiera.
Cuando finalmente nuestro amigo guardó todas sus cosas y se subió a la cama, un cinturón de judoka voló desde abajo, aprisionándolo contra el colchón. En ese instante ...Tatatatán tataaaaaann..., el imaginario sonido de un corno inglés interrumpía el obsceno silencio de la noche, avisando que se iniciaba la casería. El Zorro había caído en la trampa.
Una verdadera jauría de quiltros hambrientos se abalanzó sobre la ansiada presa, que con la desesperación de un animal acorralado se liberó de las amarras incorporándose raudamente sobre el camarote.
¡Agárrenle las patas, agárrenle las patas! decían unos. La víctima se defendía a pie firme, cual pirata sobre el tablón, lanzando patadas a diestra y siniestra, maniobra que le daba buenos resultados porque nos mantenía a distancia. Obvio, si con esa oscuridad nadie se arriesgaba a recibir una coz en la tarasca.
Entre los inútiles manotazos de ciego para arriba, y las amenazadoras chuletas para abajo, un genio tuvo la brillante idea de empezar a levantar el colchón por una esquina. En seguida se le unieron otros al esfuerzo y la situación táctica cambió radicalmente. Fue entonces cuando el valiente gladiador de las pampas, paladín de la justicia, héroe de mil batallas, sintiendo que se le movía el piso, no tuvo más alternativa que abandonar el barco.
Y en ese preciso momento, sucede una de las acciones más memorables de esta historia (poner cámara lenta, por favor) pues el Zorro, enfrentado a una situación límite, de apremio extremo, angustiante y sin salida, apela a sus últimas energías y sin decir agua va, salta por sobre nuestras cabezas en dirección a los estantes que estaban al centro del dormitorio.
Un brinco impresionante señores, monumental, colosal, onomatopéyico (ná que ver), epopéyico (ahí podría ser), tan solo comparable con el salto del Coronel Larraguibel, pero sin caballo, a lo largo y nocturno. Dos metros y cuarenta y siete centímetros separaban su camarote de los estantes, una proeza para no creerla, pero que fue real. Si que fue real. Claro que fue real. Pero más real fue el porrazo que se dio, porque con el impulso pasó cagando por arriba de los estantes, cayendo como saco de almejas al otro lado.
Entre las risas, con lágrimas y orina de algunos, y la incredulidad de otros, el Zorro se incorporó a duras penas y a pata pelá apretó cachete hacia los baños, perdiéndose en la oscuridad del pasillo. La presa se nos había escapado hacia la única zona donde no podíamos perseguirlo. El Chucho y el Pescado (brigadieres de la 4ª y 5ª Bandada) tenían sus box springs por ese lado, y si se despertaban estábamos fritos.
Bueno, dijo un optimista, en algún minuto este gallo tendrá que volver, no creo que se vaya a quedar allá toda la noche. Los termómetros marcaban 4 grados y bajando, así que nos fuimos a acostar y dejamos un vigía en rojo uno, con la misión de avisarnos en cuanto se produjeran novedades en el frente oriental.

Capítulo IV – La Captura Final
Pasarían unos 30 minutos cuando aparece el Zorro, morado, tiritando de frío y diciendo: “ya oh, me rindo”. Saltamos rápidamente de las camas y en el aire lo trasladamos hasta el altar de los sacrificios, que para la ocasión era la cama del Fonola, nuestro brigadier, que esa semana no estaba en la Escuela porque andaba en campaña con los Protecos. Así que, permisito dijo Monchito.
Entre paréntesis, si el Fonolín hubiese estado esa noche, lo habríamos hecho igual. Buena onda el loco, por lo menos con nosotros era más paleteado que un partido de ping pong.
Bueno, sigamos con la historia. Pusimos al capturado en posición horizontal, afuera el pijama, y aparecieron los dos elementos que teníamos considerados para el ceremonial: unas tijeritas diminutas, de esas plegables, que para lo único que servían era para cortar hilo, y por supuesto el champú propiamente tal.
El Zorro, entregado a su suerte, asumió estoicamente su destino y no opuso resistencia al clásico corte de vello púbico. No hasta que la oscuridad, el nerviosismo y la adrenalina propia del momento, casi transforman al peluquero en cirujano. Un pequeño error de cálculo, unos milímetros más, unos milímetros menos y la cosa se puso color de frutilla.
Se enojó el festejado y no era para menos. Una cosa era la peladilla y otra cosa muy distinta era operarlo de fimosis. Pero qué quería, si estábamos en la Escuela de Aviación, no en la Escuela de Medicina. Bueno, como haya sido, se paró abruptamente, herido en su máximo orgullo masculino y entre maldiciones, combos y escupos agarró la bolsa con el champú justo cuando se lo íbamos a administrar en el cuero cabelludo.
Quedó la pura espantadera. Sálvese quien pueda, corran por sus vidas, las mujeres y los subalféreces primero, etc., etc. Era que no, si nadie quería ir a bañarse a esa hora y menos con agua helada, acuérdense que la caldera funcionaba solo para la diana. El asunto es que el Zorro, indignado y furioso hasta decir basta, tiró su regalo de cumpleaños al que le cayera nomás.
La bolsa con la pócima milagrosa voló recto y nivelado por el medio de la Sala Cuna, se reventó contra un estante y salpicó su néctar para todos lados, dejando la mansa cagá en el pasillo, todo mojado, gelatinoso y fétido. Chanchán, se acabaron los festejos.

Capítulo V – Las Consecuencias
Y ahora cómo cresta limpiamos esta huevá, fue la primera pregunta. Con la ira, algunos afectados por la inesperada lluvia ácida tomaron el pijama y la bata del festejado y limpiaron lo que más pudieron. Pero no fue suficiente. La fórmula tenía componentes demasiado inestables como para sacarse el pillo pasando un pañito.
Un olor nauseabundo inundó el dormitorio y se hizo tan insoportable que tuvimos que abrir las ventanas. El frío entró, transformando la Sala Cuna en una auténtica barraca de campo de concentración ruso. Por supuesto que muy pocos pudieron dormir esa noche, congelados hasta los huesos y con una hediondez que se colaba por las frazadas con que nos tapábamos hasta la nariz.
Al día siguiente, en la revista de aseo matinal, el Fifo se encontró con una extraña costra de color café, que cubría grandes espacios del piso, muros, estantes y algunos cubrecamas. Flor de Nota en el Libro de Novedades.
Durante la hora de casino estuvimos como energúmenos pasándole virutilla, con el chancho arriba, para tratar de despegarla. Y enceramos el pastelón con abundante betún de zapato café para borrar las manchas del piso. Al final salió, pero el olor a caca de gato nos acompañó durante varios días más.
De más está decir que el resto de esa semana no hubo "sistema americano" para la 6° Bandada, porque luego de cada retreta nos quedamos en la losa apagando velitas a punta de tiburones. Todos menos uno. Y adivinen quién. Exactly. Porque el perla estuvo internado en la Enfermería, con un estado gripal. Bueno, en realidad con un estado gripal y una sutura de dos puntos en el que te dije.

¿Y cuándo te celebramos otro cumpleaños, Diego de la Vega?

Epílogo
A pesar del tiempo transcurrido y de la presencia del ladillento brigadier Alzheimer, se estima que los protagonistas, principales y secundarios, de este relato habrían sido, entre otros: Alberto Clavijo, Aldo Nebiolo, Ernesto Zamorano, Sergio Riquelme, Marcelo Amaral, Carlos Bertossi, Alvaro Carrasco, Humberto Flores, Sergio Fuentes, Eduardo Salas, Víctor Barahona, Samuel Mujica y Eduardo Suazo.
No obstante lo anterior y con la valiosa ayuda de los distinguidos lectores, lo más probable es que este reparto sea modificado.

Nota Final
Sobre los estantes de la Sala Cuna había una viga de concreto pegada al techo, que cruzaba el dormitorio de lado a lado. Es decir, entre el techo y los estantes no había más de 1 metro y medio. Por eso aún no tenemos una explicación al hecho que nuestro compañero de curso no se pegara en la cabeza cuando efectuó su extraordinario salto nocturno, lo que habría transformado esta historia en una tragedia. Al parecer en esa memorable y agitada jornada, plena de recuerdos inolvidables, el ángel de la guardia de la Escuadrilla Aguilas estuvo presente también. Enhorabuena.

FIN

Marchant en campaña

MI BREVE PARTICIPACIÓN EN LA CAMPAÑA "CHENA'97"

por Eduardo Marchant

Lo bueno de las pesadillas es que acabas despertando.
Lo malo es que con los sueños placenteros también.
(Anónimo)

Lo que a continuación procedo a relatar, es quizás uno de los recuerdos más ingratos que tengo de mi vida de Cadete y al evocarlo me produce un sentimiento de pesar y quizás por ese motivo me siento en la necesidad de buscar en la buhardilla de los recuerdos y esclarecer aquellos aspectos que a la fecha han quedado pendientes. Hacerlo es cerrar un capítulo que aún está abierto y cumplir así, un paso que bordea lo terapéutico y que me hará enfrentar los 30 años de servicio sin deberle nada a mi conciencia.
Por otro lado, puede ser que esta narración sufra de olvidos importantes y quizás de aquellos detalles que muchos quisieran encontrar, pero aún así es un testimonio que evidencia lo experimentado y atesorado por 12 jóvenes Águilas y esa sola razón es suficiente para arriesgarse incluso a experimentar el mismo sabor que siento al escribir estas líneas.
Aclarado lo anterior, vamos a la historia.
Llegábamos de vacaciones y nuestros jóvenes espíritus ya estaban preparados para iniciar un nuevo año de cadetes y esta vez en 2º año. Quien lo diría !!, Subalféreces de la República, una quimera para muchos, una quimera para mi.
Dicho Sea de paso, haciendo una revisión de mi pasar por la escuela he llegado a la conclusión que ésta siempre estuvo rodeada de sentimientos de incredulidad, en donde año tras año me encontraba saltando vallas, como el mejor corredor de obstáculos en procura de la ansiada meta. Esa mañana de recogida, no era la excepción y me sorprendí formando envestido de las dos breves barras amarillas sobre una manga azul aérea, que señalaban que ya era Subalférez. No obstante aún tenía fresco el recuerdo de aquella "chuleta" en el trasero que me propinó el entonces Teniente Raúl Castillo Pinto, en la última formación antes de iniciar las vacaciones. Me acuerdo que estaba de correcta tenida de salida, mi Teniente me llama al frente, me ordena inclinar el tronco y acto seguido me otorga el puntapié final, en retribución a todos los malos ratos que le había hecho pasar durante el año de recluta y confieso que no solo él debió haber pateado, la Divina Providencia, entre otras, ya que permanentemente se encargó de cuidar a este humilde capullo.
Los motivos puntuales que originaron tan singular adiós, entre mi Teniente y yo, quizás se constituyan por si solos como temas para otras historias; pero, más que la anécdota, lo destacable es que momentos antes de tan memorable firma en mi trasero, se dieron las instrucciones para el regreso de vacaciones y precisamente se nos advertía que la actividad inicial del año sería una Campaña Militar. La primera después de muchos años y que se realizaría en aquellos cerros que se divisaban a lo lejos, esos que en épocas de calor surgían cual espejismo, entremedio del ondular térmico producto del ascenso del aire cálido, emanado de una losa aún más ardiente. Efecto típico de aquellos acalorados días de formación de mirada oriental - ojos chinos - y de adoloridos y asoleados empeines, forrados en lustrosas botas negras de marcha, que atraían los rayos de sol cual miel para las abejas.
Efectivamente, al regreso a la Escuela y durante la primera cuenta, el mismísimo nuevo y flamante comandante de curso, Capitán Oscar Fehlandt Schlef, da las primeras instrucciones de aquello que se nos venía encima y entre otros comentarios se nos explicó algunos detalles de la planificación, que sin el ánimo de entrar a una crítica de la misma, debo reconocer que tenía aberraciones que no pasaron por alto, ni siquiera para un Cadete. Ésta señalaba aspectos tan extremos como: un traslado a pié, ida y vuelta; una ración de combate al día; un trozo de paño, de lona, para aportar en el armado de una carpa; un casco de agua potable al día; velas; mucha tolerancia, para soportar la acidez estomacal que se manifestaría después de ingerir el menú diario y ni hablar de baños y duchas.
Desde esa cuenta, de gentil recepción, a retirar armamento del armerillo y emprender la marcha por la pista de carreteo, en dirección al Grupo de Abastecimiento, pasaron solo unos cuantos días. Sin darnos cuenta, con nuestra Carabina Garand terciada al pecho, caminábamos rumbo a una experiencia inédita, apasionante y aventurera. ¿Qué mejor para la vanidad de un joven militar, caminar por calles asoleadas y populosas en columna de marcha y con armamento real ?. El mismísimo Vick Morrow de la recordada serie "Combate" se hubiera querido tal realismo.
Después de andar por aproximadamente una hora, llegamos pasado el medio día a las puertas del centro de entrenamiento básico de la Escuela de Infantería, del Ejército de Chile, en donde nos recibieron los Oficiales de Ejército, Instructores, con camisetas negras y letras amarillas en el dorso, donde se podía leer la palabra COMANDO. Uno de ellos, un Teniente de físico grotesco y con voz carraspeada, pintaba para ser el futuro verdugo de tan selecto grupo humano.
Efectivamente, aquel que temíamos que fuera,….. fué. En forma rápida y después de una pequeña formación, nos pusieron en manos de aquel musculoso, quien nos acompañó y guió al sector en donde se debía instalar el vivac. Éste estaba ubicado en una explanada del sector Noreste del Cerro Chena, desde el cual se podía observar, por un lado, la ladera del cerro mismo y por el contrario, una plantación de viñas cuyo color verde intenso contrastaba con el color ocre, de los montículos aledaños. Parecía un Oasis y créanme que para muchos fue el paraíso. El palacio de la vid aludido, colindaba con la Carretera Panamericana y si afinábamos nuestra vistas, más allá se podía distinguir una reposada Base Aérea, lugar que días después añoraríamos con ansias.
Una vez en el terreno, procedimos a elegirnos y a contribuir con nuestro pedazo de paño en el armado de las carpas, conformándose agrupaciones de acuerdo a afinidad y me recuerdo que para esa eventualidad, nos juntamos en un grupo de alrededor de ocho Subalféreces, entre otros estaban el "Pato" Topali, el "Huevo" Herrera, el "Chino" Torrealba y yo lógicamente. Por otro lado y refiriéndome a la especie de "techo para todos", ésta resultó ser un engendro similar a un túnel que recibía los beneficios del viento tibio de la tarde y que además nos permitía esa ventilación vital, considerando los efectos tóxicos de las manifestaciones gástricas del Pato y de los afamados "gasitos" del Huevo. Todo pensado.
Por otra parte y obedeciendo a mi naturaleza de poco ubicado, elegí el medio de la "carpa" para extender mi saco de dormir y otros enseres, lo que significó que cuando tenía que abandonarla, debía pasar por encima de las otras locaciones y así lograr conseguir el aire fresco. En resumidas cuentas, me situé en mitad del túnel y ese simple hecho se constituyó en la clave de mi breve experiencia en la campaña Chena'97.
El resto de la tarde fue dedicado a una instrucción básica, de todo lo que experimentaríamos a partir de la mañana del día siguiente.
Efectivamente, al alba y después del desayuno, el Teniente "Músculos" nos introdujo en un Tour por distintos lugares que el recinto tan gentilmente nos ofrecía; vale decir, comenzamos con un trotecito hacia las canchas de obstáculos, que se encontraban en el sector sur del cerro y dicho sea de paso, no éramos los únicos que disfrutábamos de tan amena experiencia, por que nos pudimos percatar que gran parte del Curso John Wall, egresado recientemente, estaba en plena faena de pasar la afamada cancha y por la apariencia de sus rostros y cuerpos, parecían estar botando todas las toxinas y alcohol ingerido en las vacaciones y celebraciones varias, motivo del egreso. Allí vimos a estrellas como: La "Pinina" Lillo, el "Loco" Varela, el "Submarino" Schiolla, el "Flaco" Vidal, el "Perro" Burgos, el "Instructor Militar" Ortiz y tantos otros afamados personajes del folclore institucional, quienes a esas alturas ya demostraban los males asociados a un graduado, vale decir sus expresiones corporales señalaban que su condición física era la de un……………. ¡¡¡gato de burdel!!.
Después del show ofrecido por los Johnnie Walker y una vez solos con los instructores, fue nuestro turno y procedimos a pasar los obstáculos uno a uno y en oportunidades más de alguna vez por el mismo. El caso es que personalmente, tuve la experiencia de conocer por dentro un tubo de concreto semi enterrado, en el cual se encontraba un precioso "mejor amigo de hombre" en estado de putrefacción y olía peor que el Pato y el Huevo, a dúo y full unplug.
De esa experiencia, que duró la mañana, pasamos a una sesión de aseo y refresco, antes de degustar el menú del segundo día.
¡Que aseo!, y que 8 ¼ , el agua que a esas alturas del día nos quedaba, la tragamos cual camélido después de atravesar el "Sahara" y por ende, no nos quedó para el vital refresco corporal. Ante tanta sequía, unos se resignaron, otros no tanto y me recuerdo, como si fuera el día de hoy, haber visto al "Poto" Álvarez y al "Turco" Leyton, bañarse vestidos en la única acequia que pasaba por el lugar. El "Poto" nos miraba, abstraído de la dura realidad y su semblante expresaba el placer de disfrutar de esa típica posita de campo. Qué envidia, si no fuera por que a unos cuantos metros de dicho paraíso, había otro "mejor amigo del hombre" muerto y con medio cuerpo sumergido en el mismísimo placer de los nombrado anteriormente. Aún así, atónitos presenciamos como algunos combatientes se atrevieron a moja sus labios y los más golosos, hasta beber unos cuantos sorbos de aquella refrescante bebida, haciendo caso omiso de los "guarisapos" que saltaban a su alrededor…… Cosas del fútbol.
Como una nota muy, pero muy al margen, cabe precisar que en esta histórica campaña había tres Oficiales que se las daban de ayudantes del "Papi" Fehlandt. Siendo dos de ellos parcialmente conocidos nuestros, me refiero al Teniente Francisco Naguel, y a los Subtenientes Jorge Cortés y Carlos Rivera (Mandibulín), éstos últimos se habían desempeñado como Brigadieres de Alféreces y de la Iª Sección de Reclutas respectivamente. De estos tres próceres aprendimos la nada misma, o …… perdón y en pos de la justicia, debo rescatar que gracias a ellos llegamos a conocer algunas raras técnicas, que nos permitirían dejar fuera de combate al adversario, teniendo ellas nombres tan sofisticados, como: "la uña con caca" y "el calcetín mea'o, con arena", dos afamadas prácticas aprobadas por la Convención de Ginebra.
El asunto es que por la tarde continuamos la instrucción, tan agotadora como la jornada matinal y finalizamos muertos de cansancio, como a las mil ochocientas (18:00 Hrs). Pero antes de retirarnos a las tiendas, nos enteran que la instrucción continuaría en horario vespertino, a partir de las 20:00 Hrs, oportunidad en que nos dedicaríamos a la práctica de tiro nocturno. Excelente planificación !!.
Preparándome para depositar mis delicados huesos y ya teniendo mi lecho a la vista, antes de enfrentar el tiro nocturno, se me acerca un compañero y me comunica que había sido elegido el "mejor pasador de la cancha de obstáculos" y por tal razón, tendría el honor de realizar funciones de centinela y cuidar el campamento, mientras el resto aprendía a dispararle a las sombras. Motivación suficiente como para no dormir. Se imaginan con una carabina real, con balas verdaderas y de punto fijo en un montículo del lado sur del cerro. Que experiencia madre mía!!!!.
Al lugar se accedía subiendo una pequeña colina, a través de unos matorrales y una vez allí, se podía distinguir el campamento militar y todo el verdor de la viña amiga, un panorama diferente, agradable y relajado, hasta que la luz natural nos permitía y más aún, ya entrada la noche, se podían escuchar y distinguir los fogonazos salidos del armamento de mis compañeros, quienes practicaban a lo lejos. Esa fue la misión cumplida por este soldado, a partir de las 19:30 hrs y hasta las 22:00.
Viña amiga, si señor!!. La vendita siempre nos proporcionó racimos de uva, de agrio sabor, pero refrescante en agua y nos permitió disfrutar la frescura de sus racimos, en los momentos de más sequedad. Efectivamente, muchos fueron los osados que planificaron incursiones, para retornar con sus cascos llenos de gajos aún verdes del fruto de la vid y posteriormente canjearlos por los chocolates que venían en las raciones de combate o por cigarrillos. Dios mío, cuantas cagaderas provocaron esas porciones y bienvenidas sea, si se trataba de sobrevivir.
Déjame de mentiroso Super Trivi.
Como a las 21:45, aparece entre las sombras mi relevo y la felicidad fue completa, hecho que marcó el inicio de la añoranza del saco de dormir. Después de una breve entrega del puesto e instrucciones varias, encamino mis pasos hacia el merecido descanso del guerrero, llegando a la carpa, que estaba ocupada en los extremos por compañeros plácidamente dormidos. En el ambiente aún sonaban las balas y detonaciones varias y sobretodo se podía distinguir nítidamente aquellos proyectiles que chocaban contra las piedras o rocas de los faldeos del cerro. Batahola que para nada disminuía mis ganas de dormir y de descansar, de aquel día de agitación máxima. Mi cansancio era mayor y rápidamente y aún vestido, me encajo el saco, no sin antes dejar mi armamento y carabina a los pies y me duermo profundamente. No supe de mi alma.
En algún momento de la noche comienzo a ver nubes, sombras y brillos, siendo estos últimos los más marcados y raramente estaban asociados a dolores localizados en el estómago y costillas. Curioso síntoma. Comienzo a escuchar gritos a lo lejos y cada vez se hacían más intensos en volumen. Luces que encandilaban. Ya comienzo a distinguir alguna señal legible de los gritos y éstos decían: Cobarde!!....Maricón!!....Levántate!!...Levántate Cobarde!!...Arriba Maricón!!.
Chuuuuuuuch!!!!, qué pasa?? Al mismo tiempo que pienso, siento un dolor intenso en las costillas producto de una patada otorgada por el Teniente Naguel, quien se encontraba de pié, e iluminaba mi rostro con una linterna de mano. Ante tal motivación, me recuerdo que soy un soldado, que estoy en campaña y reacciono tomando el armamento, casco y me pongo a gatear en busca de la salida, en el extremo de la carpa. Una vez llegado a la abertura, asomo mi cabeza y distingo en la penumbra, a todo el Curso formado en frente de la tienda. Me levanto y corro hacia la fila, aún adormilado y pretendo insertarme sin que nadie lo note, como si nada ha pasado; pero, escucho al "Papi" Fehlandt decir: ¡¡ saquen de la fila a los Cobardes !!. Me apresto a entender lo que dijo, cuando me cogen del brazo y me sacan de la formación.
Una vez afuera de las filas me percato que llegamos a juntarnos alrededor de 12 Subalféreces o 12 Cobardes, como prefieran, los que formamos con frente a nuestros compañeros y aún mostrando una cara que variaba entre dormidos y sorprendidos. Acto seguido, el atinado "Papi" hace una curiosa arenga, basada en el acto indigno de la cobardía. No entendía nada. Finalmente ordenan un "Reti…..rarse" para toda la Escuadrilla, salvo para los seguidores de Morfeo, los que seguimos a una segunda etapa. Ésta consistió en amarrarnos las manos, vendarnos los ojos y llevarnos por un largo camino, a un hoyo. El Subteniente(A) Carlos Rivera, fue mi circunstancial custodio, quien me condujo al "hoyo de los lamentos", no sin antes conocer todo tipo de baches, estar cara a cara con el polvo, montículos y accidentes varios, para finalmente llegar al lugar de miting y una vez allí, ser interrogado respecto de lo sucedido.
Estábamos entretenidísimos en eso, cuando abruptamente de ser "gallina" paso a ser traidor. ¡Plop!. El discurso cambió y la metodología de interrogación también, los dolores comenzaron a aflorar y las preguntas se orientaron a descubrir una posible concertación para no asistir al llamado y un acuerdo para seguir durmiendo. Teoría que posteriormente supimos dio algún implicado y lógicamente fue la base para que comenzara la caza de fantasmas y en ese proceso estaba yo. El resultado de todo fue que nuestras explicaciones no fueron acogidas y los 12 del patíbulo fuimos condenados por ser complotadores y por tanto, merecedores de las máximas penas que la reglamentación permitía.
Explicación de lo sucedido: Ninguna. Aún no se por qué no desperté, teniendo en consideración que según relatos posteriores, la "farra" que se armó en el campamento, fue de "padre y señor mío" y aquel que no escuchara, es que sencillamente era sordo; por lo que puedo concluir que tengo algún grado importante de sordera. Por otro lado, al dormir en la mitad del túnel-carpa, todos los moradores de la misma salieron disparados por los extremos respectivos, dejando a éste combatiente dormir plácidamente y a pesar de todo, con orgullo, puedo decir que al menos nadie me pasó por encima.
Al otro día, con más sueño que el día anterior, producto del respectivo proceso de reflexión interna que no nos dejó dormir, partimos a la fila; pero, el "Papi" nos tenía preparada otra sorpresita: Todos los Gallinas-Traidores, del día anterior, pasarían a formar a la cola de la Escuadrilla, sin cubre cabezas y además durante el día serían trasladados a la Escuela, en calidad de arrestados, ya que se les había sancionados con 120 Horas de Arresto; vale decir, 2 ½ fines de semana de castigo. Lindo comienzo de año!!!.
En buses llegamos a la Escuela, lamentando lo sucedido y nos recibe un flamante Alférez de Servicio, el que estaba debutando en su cargo, éste era el Alférez (Escorpión) Patricio Mellado, alias el "Cura". Sobrenombre ganado gracias a su aspecto serio, formal, caballeroso, quitado de bulla y debido a que solía usar los pantalones a la altura del ombligo y por lo tanto, dejaba ver siempre sus delgados tobillos. Este Alférez, al saber los motivos del anticipado retorno, milagrosa e intespectivamente se transforma en un hombre de hierro y sin decir "agua va", nos lanza a tierra y comenzamos a hacer unas divertidas flexiones y tiburones, so-pretexto de la alegría de vernos. Ahí comenzaron mis vacilaciones con la Iglesia.
Posterior a tan digno y emotivo recibimiento, nos da algunas instrucciones que entre otras, consideraba permanecer en el Pabellón de Dormitorios, en labores de régimen interno, durante el día y salir solo en los horarios de comidas, oportunidad en donde recibiría una cuenta especial, de los 12 afamados y posteriormente nos pasaría una revista de uñas y otros menesteres.
Como a las 14:30 hrs., del día del retorno, súper bajoneados y sin poder encontrar explicación alguna a lo sucedido, me viene a la mente que en la Enfermería de la Escuela estaba internado y convaleciente el Subalférez del curso Especial de Abastecimiento Carlos Eugenio Naguel, hermano mayor de aquel desafortunado Oficial, nombrado anteriormente en este relato. Charlie" Naguel era una persona muy jovial, con el que durante el año anterior habíamos entablado algún grado de amistad y por lo tanto ameritaba una visita, dado que se encontraba recuperando de una intervención quirúrgica, por algunas molestias anales, las que le fueron extirpadas. Es decir, tenía algún dolorcillo invalidante, que no le permitió asistir a la campaña y quizás necesitaba la compañía de éste soldado, para enterarlo de las últimas novedades. No lo dudé y partí a visitarlo quedándome un largo rato, el que lo dedicamos a comentar los recientes hechos, experiencias y a una entretenida charla, relacionada con las molestias en los sectores bajos.
Volviendo de la Enfermería me dirijo a los baños y me encuentro con el resto de mis compañeros de penurias, los cuales estaban todos con caras largas y muy afectados. Ante tal ambiente de funeral, hago las preguntas de rigor y casi al unísono me explican que recientemente habían sido sorprendidos por el Alférez de Servicio, en los baños, en plena cháchara relacionada con los acontecimientos ligados al Chena, pero hacían fumando. El afamado Cura, había recibido un "soplo" divino y se hizo carne en el momento menos indicado.
Como resultado, de tan divina acción, casi la totalidad de los involucrados en esta historia, fueron sancionados con 60 Horas de arresto; o sea, a las 120 se les sumaban otras 60 y quedaban en la módica suma de 180 deméritos, lo que se traducía en 4 fines de semana sin salida. La locura misma.
Si, fue literalmente una locura si consideramos que durante ese año 1977 pasarían más hechos lamentables, que estuvieron asociadas a grandes repartijas de horas de arresto y particularmente algunos díscolos, como el autor de éstas líneas, se vieron muy complicados para consolidar su paso a tercer año.
Ahora bien, es mi opinión que toda experiencia deja enseñanzas, ese algo que se puede enmarcar en lo anecdótico y para éste caso, puedo decir que existen dos muy claras. La primera de ellas, es resaltar que las benditas Almorranas del "Charlie", no solo fueron motivos de dolor y lágrimas para este amigo, sino que por mi parte fueron motivo de alegría y veneración, por salvarme de un castigo mayor. Y en segundo lugar, el relato nos ha mostrado que todas aquellas personas cuyo sobrenombre pudiera ser "Papi" o "Cura", no necesariamente se les deben asociar a lo benéfico, mágico y paternal del término, sino que por el contrario, hay oportunidades en que sería mejor declararse huérfano o ateo, para poder maldecirlos libremente y no caer en un acto de blasfemia.

El Fito de mi teniente.

ÁGUILAS FUERA DEL NIDO

por Eduardo Marchant

Los hombres se equivocan más a menudo por ser demasiados listos, que por ser demasiados buenos.
George Bernard Shaw

Un día como cualquier otro, de verano y siendo víctima del ocio, me encuentro en el Club House del Centro Recreacional "Maitencillo", con mi estimado amigo "Cacareco" Silva, quien graciosamente me felicita por los intentos de reforzar y contribuir al folclore nacional y particularmente aportar a la entretención de los ya treintagenarios miembros del curso Águilas. Tentativas que a través de las anécdotas ayudan a fortalecer el vínculo y de esta manera, generar el apego que a estas alturas estamos necesitando.
Con su típica cara de ojos expresivos, en vitrina por supuesto, y bigotes blancos en Chuss, me dice: "Hola po` Yayo. Así que te las dai de escritor. Bien ahhh….pero escribe algo que yo no sepa po´ h…….". Mmmm…….Me cagó.
Sutil y motivador comentario, fiel reflejo de su estilo y suficiente como para animarme a buscar en la memoria y contarles la siguiente historia, que estimo desconocida para muchos de ustedes y que tiene la gracia de comprometer a 2 ½ bisoños Águilas ávidos de aventuras, ya que en el año en que ocurrió, 1979, tendríamos 19 años. Debo aclarar que la expresión "2 ½ bisoños Águilas" se refiere a los personajes mas adelante individualizados, incluyendo al autor de éstas líneas y por supuesto, dejando a vuestra iniciativa a quien le otorgan la categoría de ½.
De todos pudiera ser conocido que en Iquique, a fines del año 1978, mi fugaz paso por las cabinas de los aviones se vio abruptamente frustrada por, según algunos, carecer de los dotes de talento necesarios para terminar la formación de Piloto de Guerra. Que tristeza en aquellos días. Se pueden imaginar a un joven Águila, oriundo de Valparaíso, maltratado por los designios del destino y sin un horizonte claro a seguir. A la fecha aún mantengo el recuerdo de aquella parabólica y reflexiva frase que el último chequeador de T-37, Comandante de Escuadrilla (A) Don Cesar Topali Frábega, me expresara al darme el veredicto final: "Mira Marchant……., las vacas vuelan…..el problema es que se tardan un poco en hacerlo solas y…….debes entender que la Fuerza Aérea no está dispuesta a pagar por el tiempo que te demores en aprender a volar". Ante tan sólido argumento, lo miro con mi mejor cara de cuadrúpedo en pena y automáticamente pensé: pasa a colgar el buzo de vuelo, eso sería todo!! ……….eres una Vaca!!!. Que agudeza.
Pero como el tiempo siempre da, lo que los hombres quitan; con el paso de los años terminé por entender lo que el instructor me intentó explicar; también debo reconocer que a partir del término de la frase, se comenzó a escribir otra historia en mi vida.
Aquella que se inicia con el viaje de regreso a la Escuela, abordo de un DC-6 desde Iquique a la Base Aérea "Los Cerrillos", lugar en donde me estaba esperando el típico bus azul de Escuela, del cual era el único pasajero. El cochero de ese fúnebre carruaje se detiene en la Sala de Vuelo T-34, me deja, e inicio el camino al Pabellón de Estudios cargando el equipaje y unos cuantos pañuelos mojados. Una vez allí, accedo al 2º Piso y me presento al Comandante de la Escuadrilla de Instrucción Académica, el que me ofreció la alternativa de integrarme al curso Tigres, en una Bandada que se estaba formando con Cadetes, que por distintos motivos habían dejado la Rama del Aire. Dudé unos cuantos segundos, horas, días y después de reflexionar y analizar mis futuros pasos, me decido por ser parte de la afamada Bandada "TIGRE 5".
A modo de paréntesis y con nostalgia de los tiempos pasados, me permito lo siguiente: muchos se acordarán de los Tiger Five, yo más aún. En ese afamado curso, en el cual nos juntamos una cantidad considerable de ex rama del aire y que dicho sea de paso, reunió nuevamente a algunos Águilas que se habían retirado y llevaban un tiempo fuera de la Escuela, personajes como: el "Guty" Gutierrez, el "Pluma" García, el "Teco" Ramirez, el "Cabezón" Crovetto, el "Topo Gigio" García, el "Feo" Acuña, Yo y el "Beto" Clavijo. Todos los cuales teníamos licencia para matar. Era un grupo humano increíblemente entretenido. Todo bien. El caso es que en esta nueva condición, algo nos favorecía conocer al curso de arriba y debo reconocer que el comportamiento de los Águilas estuvo fenomenal (-1), los que de vez en cuando nos visitaban en la sala de estudios, entre ellos estaban Letelier, Ricardo Guerrero, René Barahona, Rodrigo Mena, Bertossi y otros no tan entretenidos, pero amigos todos (-1). Nos pasaban a ver, estaban un rato y se iban ante la amenaza evidente y cierta, de la insubordinación.
El cuento sigue con que a partir del alargue de mi estadía en la Escuela, los cálculos no resultaron acordes a la nueva realidad y tuve la imperiosa necesidad de buscar un nuevo lugar en donde alojar los fines de semana, ya que mi "tutor" (Charlie, Charlie) fue trasladado a Punta Arenas. Cuando me siento a pensar en las alternativas que se presentaban, me acordé de un "Pantera", con el que había estrechado un cierto grado de amistad.
Otro paréntesis: Para quienes les parezca novedoso este término de "Panteras", éstos fueron una agrupación de malos muchachos, nobles y buenos de corazón, que tenía por costumbre hacer peladillas y dar fletas por encargo o sencillamente proporcionar un aplique a aquellos personajes que hacían los méritos suficientes como: no dar el asiento en los buses, sentarse en la parte delantera de los mismos, ser muy cercano a los Oficiales instructores de vuelo, andar hediondo a ala o sencillamente caerle mal a un miembro de tan selecto grupo. Dicha cofradía se evidenció con mayor fuerza en la comisión de vuelo al Norte, puntualmente en Iquique, en donde probaron que su característico chasquido de dedos era letal y por sus manos pasaron muchos, como ser: El "chico" Hurtado y el "Roro" Mena, que se deslizaban comúnmente entre los palos del Olimpo; el "Falaco" Vargas del Campo, el "Pato" Bertossi, el "Chico" Godoy y "David" Ramirez , en unas memorables peladillas al final del bus; el "Huaso" Letelier y la "Rana" Barahona, con sus innovadores modelos de pijamas y el "Pancho" Fuenzalida, al cual nunca pudo ser reducido por su envergadura corporal y aroma axial.
De los miembros de esta sociedad nadie sabe, solo se reconocen por el sonido de sus dedos. Cierre paréntesis.
Carlos Rivera Menares, el famoso "Pincoyano", fue el amable camarada que me tendió una mano y gentilmente me ofrece la casa de su familia, ubicada en San Miguel, para alojar y poder disfrutar de las horas libres a las que tenía acceso, dado que mi comportamiento disciplinario en el 4º año no mejoró en lo absoluto.
El mencionado enano, en ese año, ya de Subteniente recién egresado, se había aventurado en una relación de tipo amorosa, afectiva y quien sabe que más, con una de las simpáticas y graciosas hermanas del "Beto" Clavijo. Éste último, sabedor de los acontecimientos, nos revelaba periódicamente a sus cercanos, algunas de las rutinas que Rivera Menares cumplía en su casa, semana tras semana.
Ahora bien, según mi humilde opinión, ese pololeo lo tenía loquillo por completo y dentro de su demencia le había dado por comprarse un Fiat 600 de color azul, el cual usaba para visitar a la doncella en su residencia, ubicada en Los Dominicos, en donde se comportaba como un caballerito - no le quedaba otra, considerando el papá y los numerosos hermanos que acompañaban a la inocente muchacha - se hacía el invitado a almorzar, a tomar onces y en ocasiones a cenar (no muy lejos de la costumbre del personaje en comento). ¿¿Se acuerdan que éste era el patudo que siempre se colaba en el primer lugar, frente al canasto de colaciones, importándole un huevo que llegara al último??.
Un día sábado, de aquellos de salida general, decidí no viajar a Viña del Mar y quedarme en Santiago, a disfrutar de los placeres capitalinos y como era una de las primeras veces en que me alojaba en la casa del Chico Rivera, éste me pasa a buscar a la cuenta de salida y ambos a bordo del flamante Fito las emprendemos rumbo a la morada. Una vez allí y después de un suculento almuerzo, quedamos vacantes. El Pincoyano me propone que lo acompañe a ver a su polola, aduciendo que en una de esas surgía algún panorama entretenido. No estaba lejos de la verdad.
Ambos fuimos, cual Batman y Robin, en el bólido italiano, llegando a la casa del Beto como a las 16:00 Hrs.
Este chico patudo, ya en confianza y sabiendo que los dueños de casa estaban de viaje, se soltó y comienza su romance con la doncella, sin importarle su entorno. Como yo y el Beto nos sentíamos ajenos al proceso en el cual mi compadre se había embarcado, aburridos y sin panorama a la vista, le dijimos que iríamos en busca de algunas aventuritas que justificaran la salida del sábado y que para eso, necesitábamos el Fiat 600 - con radio AM. Rivera Menares nos mira con cara un tanto extrañado e incrédulo, ante lo insólito y atrevido de la petición; pero, el enano caliente, por no perder la oportunidad de encontrarse tan bien atendido, más aún sin suegros a la vista, cede a la solicitud y extiende su manito para pasarnos las llaves de su chiche italiano.
Ahí comienza nuestra aventura. Con el Beto de copiloto y navegante, emprendimos raudos hacia el sector sur de Santiago, más específicamente hacia La Cisterna; lugar en donde de labios de los Subtenientes Águilas, habían niñas con ganas de pasarlo bien y que además los aviadores tenían chipe libre, por ser vecinos ilustres.
Nos paseamos de Norte a Sur y viceversa, en busca de algunas liebres que saltaran y nos permitieran invitarlas a la aventura, al dancing y si el horno estaba para bollos, por qué no??, si merecíamos algún desahogo para las tensas y extenuantes semanas en la Escuela.
No pasaba mucho y lo único que logramos avistar era una damisela con cara dulce y que denotaba un sentimiento de mucha amistad contenida; pero tanta, que decidimos pararle para ver que planes tenía. La mujer, de unos 20 años, muy bien dotada, de piernas largas que se destacaban frente a una reducida minifalda, la que a su vez estaba ceñida a unas caderas curvas.
Dónde van los niños??, nos pregunta dejando ver su rostro de fina atacameña y ordenándose el cabello negro caído sobre sus hombros. Al mismo tiempo se inclina sobre la ventana del Beto y nos permite observar un pronunciado y generoso escote. ¡¡ Madre mía por qué fuiste tan mezquina con la lactancia que me correspondía !!, fue el primer pensamiento que se me vino a la cabeza. A esas alturas ya no razonaba, sino que el pequeño cerebro se comenzó a manifestar y al parecer no era el único, por que una sutil mirada del Beto Clavijo, me indicó que estábamos en el camino correcto. No lo pensamos dos veces y mi partner abre la pequeña puerta del Fito, hecha hacia delante el asiento del copiloto y se ubica en la parte posterior. Acto seguido, la muchacha amablemente se sienta casi al límite de su envergadura y no sin antes mostrar los muslos morenos y torneados, hechos a medida para Cadetes encerrados durante largos períodos de escuela.
Adónde vamos ahora ??, fue la pregunta que ambos le hicimos casi al unísono. La damita responde que en las cercanías del Paradero 18 están construyendo el nuevo terminal del Metro y debido a eso, quedaban lugares en despoblado, aptos para estacionar con todo resguardo y a plena satisfacción de la clientela. Ya a esas alturas a mi compadre Beto le habían crecido los brazos y las manos, por que del asiento trasero salían unos tentáculos que envolvían a la doncella, por donde cayera. Que manera de disfrutar, mientras que yo conducía y solo me tenía que conformar con hacer algunas incursiones, en el poco tiempo que el semáforo me permitía en el cambio de luces. En este caso y al revés de la lógica aviadora, la luz verde significaba Stop. Que injusticia.
Una vez en el terreno y debido a lo pequeño del móvil, se optó por no innovar en los puestos y después de algunas conversaciones, dedujimos que solo nos interesaría que la niña se dirigiera al país por los micrófonos ya dispuestos. Lo gracioso de todo fue, sin lugar a dudas, que la iniciativa se planteó en base a "momentos" secuénciales y no simultáneos, por lo estrecho e incómodo de los asientos; por lo tanto, mientras estábamos adelante, el de atrás se tenía que hacer el despistado y mirar hacia afuera, por si algo pasaba en las inmediaciones, no sin antes tirar "un poco" las manos a los frutos en exposición, como que no quiere la cosa. Y así, el mismo procedimiento para el de atrás.
Con el cuerpo en paz, fumando y los corazones latiendo ágilmente, recordándonos que teníamos 19 años y podíamos más, dejamos a la muchacha en algún paradero de la Gran Avenida y emprendimos rumbo hacia San Bernardo, en busca de más acción.
Yo había escuchado que la plaza de "Sanbeca" ofrecía muchas facilidades y en donde las damiselas brotaban cual inagotable manantial y era cosa de estacionarse en el lado oscuro del lugar, para acceder a las féminas y con ello a la farra que estábamos dispuestos a comenzar. Qué ilusos.
Pero efectivamente, llegamos al lugar y después de unas vueltas, nos estacionamos en el lado más licencioso y sombrío de la plaza. Allí cual dos huasos apeados del caballo, comenzamos a mirar en todas direcciones en busca de nuestro objetivo, pero lo hacíamos con una sensación de vergüenza y con miedo al ridículo, por los pérfidos pensamientos que se nos agolpaban y aún excitados de la experiencia anterior.
En una de esas, ubicamos a dos señoritas que estaban sentadas en un escaño, las cuales pícaramente nos sonríen y nos dejan ver su intención de socializar con dos mozos que las miraban fijamente. Hola !!, qué están haciendo ?? - pregunta imbécil, pero es de rigor para cualquiera que se precie de galán y conquistador - Nada, esperando que alguien nos invite a pasarlo bien.
Chuuuuuu !!!, era lo que estábamos buscando. Sin titubearlo las invitamos a subir a nuestro orgullo italiano y nuevamente surgió la pregunta: Adónde vamos ahora ?? . Pero esta vez el Beto me hace unas señas y sin esperar respuesta enrutamos hacia el Centro de Santiago.
Ya en el Paradero 30 pasamos a una botillería en busca de la necesaria valentía, por que las muchachas no eran todo lo lustrosa que se quisiera. Ambas eran delgadas, de ropaje no muy sofisticado, ni llamativo, una era más apetecible que la otra, se expresaba bien, cabellos largos teñidos, discreta defensa y algo mejor la delantera. La otra era menos atractiva, pero más habladora y siempre iba a la ofensiva, tratándonos de "huachito" y tocándonos las rodillas, como símbolo de amistad sincera. La verdad, la verdad, …….ninguna tenía una gracia sobresaliente, eran más bien deslavadas y no pasaban la prueba del sol, por ningún motivo; pero, los teteritas teníamos que clavar en ese momento o nunca.
Unas botellas de Pisco 30º más unas pocas bebidas, para comenzar, fue lo que compramos en la Botillería "El Morro". Bebíamos en el auto, mientras recorríamos la Gran Avenida y persuadíamos a nuestras acompañantes de que la aventura debía ir más allá y en eso mi "partner" invirtió mucho esfuerzo y dedicación, ya que al mirarlo por el espejo retrovisor estaba tragándose a la muchacha más atractiva. Fundidos en una sola bola, que se movía de arriba a abajo según pasábamos por los baches del pavimento. No hablaban nada, todo era acción. Una vez más me sentía perjudicado por manejar el bólido, no me permitía explayarme en los argumentos y a la vez no participaba de la ingesta etílica; más bien el consumo se centró en el sector trasero, hecho que iba a tener su consecuencia más adelante.
A la altura del paradero 1 de la Gran Avenida, las cosas estaban totalmente cocinadas y las voluntades apuntaban a buscar algún rinconcito, como un hotel o algo parecido, baratito en lo posible, para manifestar nuestro mutuo cariño y terminar la fiesta en forma privada, considerando que ya habíamos invertido en la bencina, en el "affair" del paradero 18 y el trago del inicio de esta nueva aventura.
Así llegamos al sector de Mapocho y en la calle San Martín encontramos un hotel de mala muerte, el que generosamente nos invitaba a pasar con un felpudo en el piso de la entrada que decía "Welcome". Nos ofrecieron una pieza hedionda, en el segundo piso, en donde había dos camas separadas por una cortina que en sus mejores tiempos fue de color beige y que reflejaba los típicos rastros del smog, el que penetraba a través de una ventana de doble hoja, la que a su vez daba a una calle muy transitada por la movilización colectiva. Pero, tenía un "plus" y éste era que en un rincón había un lavamanos con la típica llave goteando, la que servía para los servicios de aseo posteriores. En resumen, la habitación era una mierda; pero, fieles a la expresión "es la que hay" y lo que podíamos pagar, la acepto.
Salgo a la calle y les aviso a la concurrencia que la pieza era lo que necesitábamos y apta para una sesión de terapia grupal. No se si me escucharon atrás por que el Beto y su doncella aun estaban fundidos en un acalorado romance; pero había un detalle, la dama en cuestión estaba como avión y era la primera víctima de la temprana ingesta de alcohol. Se encontraba atáxica y eufórica, todo lindo. Entre todos la bajamos del auto, lo cerramos y posteriormente la subimos por las escaleras hacia la pieza. Una vez dentro, ocupamos unos cuantos minutos en convencer a la que quedaba sobria, que el lugar no era del todo feo y que si bien tenía algunos detalles, también tenía sus lujos.
Superado el impass nos avocamos a lo principal y cada cual desplegó sus talentos. Ahí se inició el infierno para mi compadre.
Los hechos eran evidentes, ya que gritos y gemidos empezaron a surgir en el ambiente y con la cortina entre ambas camas era difícil disimularlos, pero a medida que pasaba el tiempo comenzaron a sentirse unos golpes secos, similares a un "charchazo", situación que me llenó de curiosidad. Le grito al Beto: Compadre, usted está bien ??. Si, h…….n, no pasa nada. Obtengo como respuesta. Pero al rato y después del clásico rechinar de resortes, comienzan nuevamente los ruidos extraños, curiosos y ante ésto interrogo al gladiador. Compadre, usted está bien ?? . Éste, ya sin ocultar su molestia, sale de atrás de la cortina, en pelotas y reclama: Ésta con…., justo cuando voy a terminar, le da por hacer arcadas y me saca de encima !!!!. Síndrome del "Coito interruptus", pensé yo.
El Beto vociferaba y maldecía. Estando en eso, aparece la amiga, también en pelotas, pero con una cara de borracha total, chascona, tratándose de levantar de la cama. De repente, se toma el abdomen y corriendo se acerca al lavamanos, el que fue elegido para recibir todo el aperitivo ingerido precedentemente. Después de tan fino comportamiento, la muchacha se inca en la base del lavamanos, quejándose y prometiendo no tomar más en su vida. El Beto, en un acto de humanidad extrema se ubica por detrás, la toma por las caderas, para levantarla y llevarla a la cama; pero, cuando la niña estaba con las piernas extendidas, media tembleque y la cabeza aún a ras de suelo, mi compadre observa una nueva perspectiva del problema y después de pensarla, toma la decisión de hacerle nuevamente puntería con su arma en ristre, pero esta vez en configuración "L' pollè pastán". La mujer se resistía y comienzan los movimientos de corcoveo que no molestaban del todo a mi amigo y es más, lo animaban para incrementar la enbestida; pero justo en el momento cuando estaba por sonreír, la muchacha se toma nuevamente el estómago y corre al lavamanos para volcar la vianda. El Beto no la podía creer. En medio de la pieza, en pelotas y con todo el armamento apuntando al cielo, nadie puede!!!
Con esa demostración de poca consideración y agradecimiento, al chef y barman de la fiesta a la que asistió, la mujer terminó en el suelo, botada cual larga era y hablando incoherencias. Ya no daba más. Los observadores de tan felinezca escena, no nos quedó otra que tomar parte y cooperar en cargar al muertito y llevarla a la cama, en donde se quedó profundamente dormida, mientras mi compadre contaba ovejitas a su lado con muchas ganas de comenzar nuevamente.
El tiempo pasó y en vista que Clavijo estaba aburrido, sin posibilidades de poder finiquitar en algún momento, como a las 4:30 de la madrugada tomamos la decisión de irnos; pero, recordamos que éramos Caballeros del Aire y les ofrecemos gentilmente regresarlas a su casa. Acto noble del que después nos arrepentiríamos.
Nos vestimos, lavamos a la curadita y bajamos al auto. Tamaña fue la sorpresa cuando vimos que éste había sido abierto y se habían robado la maravillosa radio AM, algunos chichecitos colgantes y mi maletín de escuela, el que contenía alguna ropa sucia de escuela, acumulada de semanas (por lo menos tuvieron que soportar los olores). Nada que hacer.
Camino de retorno a San Bernardo, por la Panamericana, los dos sentados en los asientos delanteros y las mujeres atrás, no conversábamos nada, solo eran muecas y monosílabos. Estábamos cansados y pensando en las explicaciones que tendríamos que darle al Pincoyano por su radio y colgantes; pero más enojados estábamos con nuestros pasajeros, tanto así, que incluso doblamos el espejo retrovisor para no verles las caras.
Llegamos a la calle Barros Arana y cuando estábamos en mitad de la recta en cuestión, una de las damas dice: Por allí…….nos pasamos….por allí. Frené bruscamente. Puse reversa, ajusto el espejo retrovisor y comienzo a retroceder, mirando solo el espejo, para retomar el rumbo. En eso estábamos, cuando se escucha y se siente un fuerte golpe en la zona posterior trasera. No se divisaba nada, el motor se paró y me bajo raudamente para ver qué había sucedido y al mismo tiempo siento unos gritos al interior del auto Uhaaaaa !!!,,,,,Uhaaaaa !!!….nos morimos, nos morimos !!!!.
Nos había chocado un Camión de color negro, sin luces y cargado de frutas y verduras de la estación, el que se iba a colocar en la feria libre. El chofer, una mujer corpulenta y dos pionetas se bajaron del vehículo mayor y comienzan a culparme del choque, por ir retrocediendo. Yo a su vez, pensaba que ésto era lo último que necesitábamos para coronar la jornada. Estábamos en esa cuando ambas invitadas se bajan del Fiat y se acercan a ver lo sucedido, al llegar al sector trasero, se escucha desde atrás del camión: mira h….., son la vola's del Barracón y andan de fiesta………..andan todos vola'os y copetea'os. En esos precisos instantes nos recordamos que éramos dos dignos Cadetes de la Escuela de Aviación y se nos acabaron los argumentos como para insistir que no habíamos tenido la culpa y dejamos que el camión se fuera y las amigas también.
Sentados en la berma, nos preguntábamos ¿Qué hacer?, eran las 5:00 de la madrugada, oscuro, con hambre y un Fiat 600 hecho mierda en la parte trasera. Desanimados y con pocas esperanzas de encontrar una solución, ni siquiera un teléfono para avisarle a Rivera Menares que de chiche, solo quedaba chucha.
Reflexionando estábamos para ver en dónde estuvo el error, cuando nos acordamos que el "Poto" Álvarez vivía en el sector y en la misma calle en donde nos encontrábamos, solo que una cuantas cuadras más allá. Dicho y hecho, nos pusimos a empujar el vehículo hasta que llegamos a la casa de este compañero de curso, le golpeamos la puerta y ………………………una larga historia sigue de explicaciones, reparaciones, arreglos, malos ratos y todo lo que suele acompañar estos casos.
Catalogar esta historia de buena o mala, no pasa por la discusión de si fue o no una aventura, por que decididamente lo fue, como tampoco quedan dudas que los tres Águilas involucrados podríamos ser postulantes al ½, del inicio de esta historia. A saber, el "Chico" Rivera, por ser como es, Chico; el "Beto" Clavijo, por que esa noche siempre llegó a la mitad de todo y el relator de esta historia, por haber entregado literalmente la mitad de la joyita azul, a quien responsablemente le entregó un auto entero y con radio.

Curso Aguilas cumple 30 años





Curso Aguilas celebró sus 30 años

Amigos:
La celebración de los 30 años fue realmente un espectáculo hermoso, emotivo, emocionante tanto para nosotros como para nuestras señoras, amigas y acompañantes.
Al museo histórico fueron llegando uno tras otro los aguiluchos, como anécdota interesante fue la llegada del Teco Ramirez, quien entró muy bien acompañado de una hermosa mujer a la cual tomaba de la mano, todos los mal pensados dijeron "otro mas que se separó......y le ha ido bien por lo que vemos", cual fue la sorpresa cuando la presenta como su hija y jajajajajajajajaa.......se acabaron las apreciaciones a priori.
Luego vino la ceremonia de entrega del estandarte de combate a la escuela, el viento hacía flamear las banderas en los mástiles que servían de magnífico fondo junto a la escuela formada en tenida de parada (que recuerdos aquellos)y existía una historia desconocida para todos (para todos pato Topali), tenía su historia y el Pato Topali se la traía bajo la manga. La vamos a publicar proximamente "El secreto mejor guardado del pato topali".
Asimismo, el discurso del Sub Director Comandante de Grupo Widmer y la explicación del significado y la historia de los estandartes, como asimismo su relación con la historia de Chile fue espectacular (estamos consiguiendo el discurso), junto a ello aprovechó de hacer carrera y le tiró flores al pato topali (padre) jajajajajajjaa.....se escucho un leve sumbido en las tribunas así como cuando la sábana no es suficiente para .......fue simpático.
Respecto a la asistencia, esta fue excelente, el último hombre grito "75 y último mi coronel" al grado que nos felicitó el Sub Director de la Escuela de Aviación, para quien era nuy grato tener esa asistencia a su exposición.
Debemos ser el curso mas organizado y con mayor respaldo o convocatoria quizás a nivel institucional.
La alocución del Capellán de la Escuela estuvo a punto, excelente el recuerdo que hizo de los que han partido al más allá en suprema sed de cielo, la vamos a publicar proximamente.
El coctel estuvo matizado por viejas historias, gritos provenientes del subterráneo, mentiras volaban, champaña pasaba, canapés la misma cosa y una que otra exquisites.
No faltó quien quería comer torta, aunque hubiese sido buena idea un canturreo con el cumpleaños feliz (esa es para ti CM).
Finalmente, siendo las 14 horas un grupo que se encontraba formando un "Centro de baja presión en el mismo lugar" se desplazó hacia los comedores del Terminal Pesquero ubicado en panamericana sur para continuar tomando (bebiendo) lo que terminó a quienes les dieron las 4 o 5 o 6 quizás las 7 de la tarde (y no es mentira)
En la fiesta de Quinchamalí, puras bellas mujeres, todas hermosas, señoras, pololas y amigas deambulaban por los salones del Club de Oficiales.
Hubo agradecimientos a quienes participaron organizando los hechos (Pato Topali, Duncan Silva, Juan Carlos Sepúlveda, Vitorio Gallegos, Enrique Lara, Rodolfo Petersen y Eduardo Suazo entre otros tanto, a quienes de pasadita les damos las gracias) y luego pasó lo que tenía que pasar, los mas habladores salieron a cantar adelante, Sergio Riquelme cantó las canción del Curso de Finanzas (Uaaaaaaaaaaa...de miedo), fue emocionante como los integrantes de dicho curso se acoplaron al coro y la cantaron y fue huaaaaaaaa (mas miedo)
Comentario al margen, pucha que eran mal encachados esos compadres, la canción los identificaba a todos jajajajajajajaa...
Se recordó a quienes se encuentran luchando contra la vida y padecen de enfermedades complicadas, nos acordamos de Victor Ugarte y Sergio Riquelme entre otros.
Luego, cantó Pato Encina una canción nortina dedicada al "Pincoyano Rivera" quien guardó silenció (aún cuando fue retado a duelo y a defenderse de la historia escrita por Eduardo Marchant, la que también fue muy comentada).
Pato continuó con el himno de la Escuadrilla y a pesar del tiempo transcurrido fue bastante recordado por los asistentes.
Después de saborear los manjares preparadaos por la comisión (excelente la comida) ... nos fuimos todos a bailar, buena música, buen ambiente, buenas mujeres, que mas se puede pedir.
Aparecieron cornetas, pelucas luminosas y bombillas fosforescentes (muy buena idea), serpentina o nieve en spray (muy buena Nelsón Vega, me tuviste de turno toda la noche, mi chaqueta te lo agradece jajajajjaja), corbatas y antifaces gigantes y bla bla bla.....todo muy bueno, aparte de que el número de bailarines estuvo permanentemente alto, la pista nunca quedó vacía.
La música estuvo a la altura de la ocasión, muy romántica, algunos la disfrutaron mas que otros y no es mentira, sino pregúntenle a....Lu s G..z, Mem eralt, .duar o uazo (nos atacó la goma amigos) y otros mas.
Siendo las 4 AM aún quedaba un buen número de aguiluchos.
A todos les damos las gracias, fue espectacular.
Felicitaciones curso Aguilas
Les saludan a todos,
Los editorialistas y atentos observadores que nunca faltan.