jueves, 1 de octubre de 2009

Marchant en campaña

MI BREVE PARTICIPACIÓN EN LA CAMPAÑA "CHENA'97"

por Eduardo Marchant

Lo bueno de las pesadillas es que acabas despertando.
Lo malo es que con los sueños placenteros también.
(Anónimo)

Lo que a continuación procedo a relatar, es quizás uno de los recuerdos más ingratos que tengo de mi vida de Cadete y al evocarlo me produce un sentimiento de pesar y quizás por ese motivo me siento en la necesidad de buscar en la buhardilla de los recuerdos y esclarecer aquellos aspectos que a la fecha han quedado pendientes. Hacerlo es cerrar un capítulo que aún está abierto y cumplir así, un paso que bordea lo terapéutico y que me hará enfrentar los 30 años de servicio sin deberle nada a mi conciencia.
Por otro lado, puede ser que esta narración sufra de olvidos importantes y quizás de aquellos detalles que muchos quisieran encontrar, pero aún así es un testimonio que evidencia lo experimentado y atesorado por 12 jóvenes Águilas y esa sola razón es suficiente para arriesgarse incluso a experimentar el mismo sabor que siento al escribir estas líneas.
Aclarado lo anterior, vamos a la historia.
Llegábamos de vacaciones y nuestros jóvenes espíritus ya estaban preparados para iniciar un nuevo año de cadetes y esta vez en 2º año. Quien lo diría !!, Subalféreces de la República, una quimera para muchos, una quimera para mi.
Dicho Sea de paso, haciendo una revisión de mi pasar por la escuela he llegado a la conclusión que ésta siempre estuvo rodeada de sentimientos de incredulidad, en donde año tras año me encontraba saltando vallas, como el mejor corredor de obstáculos en procura de la ansiada meta. Esa mañana de recogida, no era la excepción y me sorprendí formando envestido de las dos breves barras amarillas sobre una manga azul aérea, que señalaban que ya era Subalférez. No obstante aún tenía fresco el recuerdo de aquella "chuleta" en el trasero que me propinó el entonces Teniente Raúl Castillo Pinto, en la última formación antes de iniciar las vacaciones. Me acuerdo que estaba de correcta tenida de salida, mi Teniente me llama al frente, me ordena inclinar el tronco y acto seguido me otorga el puntapié final, en retribución a todos los malos ratos que le había hecho pasar durante el año de recluta y confieso que no solo él debió haber pateado, la Divina Providencia, entre otras, ya que permanentemente se encargó de cuidar a este humilde capullo.
Los motivos puntuales que originaron tan singular adiós, entre mi Teniente y yo, quizás se constituyan por si solos como temas para otras historias; pero, más que la anécdota, lo destacable es que momentos antes de tan memorable firma en mi trasero, se dieron las instrucciones para el regreso de vacaciones y precisamente se nos advertía que la actividad inicial del año sería una Campaña Militar. La primera después de muchos años y que se realizaría en aquellos cerros que se divisaban a lo lejos, esos que en épocas de calor surgían cual espejismo, entremedio del ondular térmico producto del ascenso del aire cálido, emanado de una losa aún más ardiente. Efecto típico de aquellos acalorados días de formación de mirada oriental - ojos chinos - y de adoloridos y asoleados empeines, forrados en lustrosas botas negras de marcha, que atraían los rayos de sol cual miel para las abejas.
Efectivamente, al regreso a la Escuela y durante la primera cuenta, el mismísimo nuevo y flamante comandante de curso, Capitán Oscar Fehlandt Schlef, da las primeras instrucciones de aquello que se nos venía encima y entre otros comentarios se nos explicó algunos detalles de la planificación, que sin el ánimo de entrar a una crítica de la misma, debo reconocer que tenía aberraciones que no pasaron por alto, ni siquiera para un Cadete. Ésta señalaba aspectos tan extremos como: un traslado a pié, ida y vuelta; una ración de combate al día; un trozo de paño, de lona, para aportar en el armado de una carpa; un casco de agua potable al día; velas; mucha tolerancia, para soportar la acidez estomacal que se manifestaría después de ingerir el menú diario y ni hablar de baños y duchas.
Desde esa cuenta, de gentil recepción, a retirar armamento del armerillo y emprender la marcha por la pista de carreteo, en dirección al Grupo de Abastecimiento, pasaron solo unos cuantos días. Sin darnos cuenta, con nuestra Carabina Garand terciada al pecho, caminábamos rumbo a una experiencia inédita, apasionante y aventurera. ¿Qué mejor para la vanidad de un joven militar, caminar por calles asoleadas y populosas en columna de marcha y con armamento real ?. El mismísimo Vick Morrow de la recordada serie "Combate" se hubiera querido tal realismo.
Después de andar por aproximadamente una hora, llegamos pasado el medio día a las puertas del centro de entrenamiento básico de la Escuela de Infantería, del Ejército de Chile, en donde nos recibieron los Oficiales de Ejército, Instructores, con camisetas negras y letras amarillas en el dorso, donde se podía leer la palabra COMANDO. Uno de ellos, un Teniente de físico grotesco y con voz carraspeada, pintaba para ser el futuro verdugo de tan selecto grupo humano.
Efectivamente, aquel que temíamos que fuera,….. fué. En forma rápida y después de una pequeña formación, nos pusieron en manos de aquel musculoso, quien nos acompañó y guió al sector en donde se debía instalar el vivac. Éste estaba ubicado en una explanada del sector Noreste del Cerro Chena, desde el cual se podía observar, por un lado, la ladera del cerro mismo y por el contrario, una plantación de viñas cuyo color verde intenso contrastaba con el color ocre, de los montículos aledaños. Parecía un Oasis y créanme que para muchos fue el paraíso. El palacio de la vid aludido, colindaba con la Carretera Panamericana y si afinábamos nuestra vistas, más allá se podía distinguir una reposada Base Aérea, lugar que días después añoraríamos con ansias.
Una vez en el terreno, procedimos a elegirnos y a contribuir con nuestro pedazo de paño en el armado de las carpas, conformándose agrupaciones de acuerdo a afinidad y me recuerdo que para esa eventualidad, nos juntamos en un grupo de alrededor de ocho Subalféreces, entre otros estaban el "Pato" Topali, el "Huevo" Herrera, el "Chino" Torrealba y yo lógicamente. Por otro lado y refiriéndome a la especie de "techo para todos", ésta resultó ser un engendro similar a un túnel que recibía los beneficios del viento tibio de la tarde y que además nos permitía esa ventilación vital, considerando los efectos tóxicos de las manifestaciones gástricas del Pato y de los afamados "gasitos" del Huevo. Todo pensado.
Por otra parte y obedeciendo a mi naturaleza de poco ubicado, elegí el medio de la "carpa" para extender mi saco de dormir y otros enseres, lo que significó que cuando tenía que abandonarla, debía pasar por encima de las otras locaciones y así lograr conseguir el aire fresco. En resumidas cuentas, me situé en mitad del túnel y ese simple hecho se constituyó en la clave de mi breve experiencia en la campaña Chena'97.
El resto de la tarde fue dedicado a una instrucción básica, de todo lo que experimentaríamos a partir de la mañana del día siguiente.
Efectivamente, al alba y después del desayuno, el Teniente "Músculos" nos introdujo en un Tour por distintos lugares que el recinto tan gentilmente nos ofrecía; vale decir, comenzamos con un trotecito hacia las canchas de obstáculos, que se encontraban en el sector sur del cerro y dicho sea de paso, no éramos los únicos que disfrutábamos de tan amena experiencia, por que nos pudimos percatar que gran parte del Curso John Wall, egresado recientemente, estaba en plena faena de pasar la afamada cancha y por la apariencia de sus rostros y cuerpos, parecían estar botando todas las toxinas y alcohol ingerido en las vacaciones y celebraciones varias, motivo del egreso. Allí vimos a estrellas como: La "Pinina" Lillo, el "Loco" Varela, el "Submarino" Schiolla, el "Flaco" Vidal, el "Perro" Burgos, el "Instructor Militar" Ortiz y tantos otros afamados personajes del folclore institucional, quienes a esas alturas ya demostraban los males asociados a un graduado, vale decir sus expresiones corporales señalaban que su condición física era la de un……………. ¡¡¡gato de burdel!!.
Después del show ofrecido por los Johnnie Walker y una vez solos con los instructores, fue nuestro turno y procedimos a pasar los obstáculos uno a uno y en oportunidades más de alguna vez por el mismo. El caso es que personalmente, tuve la experiencia de conocer por dentro un tubo de concreto semi enterrado, en el cual se encontraba un precioso "mejor amigo de hombre" en estado de putrefacción y olía peor que el Pato y el Huevo, a dúo y full unplug.
De esa experiencia, que duró la mañana, pasamos a una sesión de aseo y refresco, antes de degustar el menú del segundo día.
¡Que aseo!, y que 8 ¼ , el agua que a esas alturas del día nos quedaba, la tragamos cual camélido después de atravesar el "Sahara" y por ende, no nos quedó para el vital refresco corporal. Ante tanta sequía, unos se resignaron, otros no tanto y me recuerdo, como si fuera el día de hoy, haber visto al "Poto" Álvarez y al "Turco" Leyton, bañarse vestidos en la única acequia que pasaba por el lugar. El "Poto" nos miraba, abstraído de la dura realidad y su semblante expresaba el placer de disfrutar de esa típica posita de campo. Qué envidia, si no fuera por que a unos cuantos metros de dicho paraíso, había otro "mejor amigo del hombre" muerto y con medio cuerpo sumergido en el mismísimo placer de los nombrado anteriormente. Aún así, atónitos presenciamos como algunos combatientes se atrevieron a moja sus labios y los más golosos, hasta beber unos cuantos sorbos de aquella refrescante bebida, haciendo caso omiso de los "guarisapos" que saltaban a su alrededor…… Cosas del fútbol.
Como una nota muy, pero muy al margen, cabe precisar que en esta histórica campaña había tres Oficiales que se las daban de ayudantes del "Papi" Fehlandt. Siendo dos de ellos parcialmente conocidos nuestros, me refiero al Teniente Francisco Naguel, y a los Subtenientes Jorge Cortés y Carlos Rivera (Mandibulín), éstos últimos se habían desempeñado como Brigadieres de Alféreces y de la Iª Sección de Reclutas respectivamente. De estos tres próceres aprendimos la nada misma, o …… perdón y en pos de la justicia, debo rescatar que gracias a ellos llegamos a conocer algunas raras técnicas, que nos permitirían dejar fuera de combate al adversario, teniendo ellas nombres tan sofisticados, como: "la uña con caca" y "el calcetín mea'o, con arena", dos afamadas prácticas aprobadas por la Convención de Ginebra.
El asunto es que por la tarde continuamos la instrucción, tan agotadora como la jornada matinal y finalizamos muertos de cansancio, como a las mil ochocientas (18:00 Hrs). Pero antes de retirarnos a las tiendas, nos enteran que la instrucción continuaría en horario vespertino, a partir de las 20:00 Hrs, oportunidad en que nos dedicaríamos a la práctica de tiro nocturno. Excelente planificación !!.
Preparándome para depositar mis delicados huesos y ya teniendo mi lecho a la vista, antes de enfrentar el tiro nocturno, se me acerca un compañero y me comunica que había sido elegido el "mejor pasador de la cancha de obstáculos" y por tal razón, tendría el honor de realizar funciones de centinela y cuidar el campamento, mientras el resto aprendía a dispararle a las sombras. Motivación suficiente como para no dormir. Se imaginan con una carabina real, con balas verdaderas y de punto fijo en un montículo del lado sur del cerro. Que experiencia madre mía!!!!.
Al lugar se accedía subiendo una pequeña colina, a través de unos matorrales y una vez allí, se podía distinguir el campamento militar y todo el verdor de la viña amiga, un panorama diferente, agradable y relajado, hasta que la luz natural nos permitía y más aún, ya entrada la noche, se podían escuchar y distinguir los fogonazos salidos del armamento de mis compañeros, quienes practicaban a lo lejos. Esa fue la misión cumplida por este soldado, a partir de las 19:30 hrs y hasta las 22:00.
Viña amiga, si señor!!. La vendita siempre nos proporcionó racimos de uva, de agrio sabor, pero refrescante en agua y nos permitió disfrutar la frescura de sus racimos, en los momentos de más sequedad. Efectivamente, muchos fueron los osados que planificaron incursiones, para retornar con sus cascos llenos de gajos aún verdes del fruto de la vid y posteriormente canjearlos por los chocolates que venían en las raciones de combate o por cigarrillos. Dios mío, cuantas cagaderas provocaron esas porciones y bienvenidas sea, si se trataba de sobrevivir.
Déjame de mentiroso Super Trivi.
Como a las 21:45, aparece entre las sombras mi relevo y la felicidad fue completa, hecho que marcó el inicio de la añoranza del saco de dormir. Después de una breve entrega del puesto e instrucciones varias, encamino mis pasos hacia el merecido descanso del guerrero, llegando a la carpa, que estaba ocupada en los extremos por compañeros plácidamente dormidos. En el ambiente aún sonaban las balas y detonaciones varias y sobretodo se podía distinguir nítidamente aquellos proyectiles que chocaban contra las piedras o rocas de los faldeos del cerro. Batahola que para nada disminuía mis ganas de dormir y de descansar, de aquel día de agitación máxima. Mi cansancio era mayor y rápidamente y aún vestido, me encajo el saco, no sin antes dejar mi armamento y carabina a los pies y me duermo profundamente. No supe de mi alma.
En algún momento de la noche comienzo a ver nubes, sombras y brillos, siendo estos últimos los más marcados y raramente estaban asociados a dolores localizados en el estómago y costillas. Curioso síntoma. Comienzo a escuchar gritos a lo lejos y cada vez se hacían más intensos en volumen. Luces que encandilaban. Ya comienzo a distinguir alguna señal legible de los gritos y éstos decían: Cobarde!!....Maricón!!....Levántate!!...Levántate Cobarde!!...Arriba Maricón!!.
Chuuuuuuuch!!!!, qué pasa?? Al mismo tiempo que pienso, siento un dolor intenso en las costillas producto de una patada otorgada por el Teniente Naguel, quien se encontraba de pié, e iluminaba mi rostro con una linterna de mano. Ante tal motivación, me recuerdo que soy un soldado, que estoy en campaña y reacciono tomando el armamento, casco y me pongo a gatear en busca de la salida, en el extremo de la carpa. Una vez llegado a la abertura, asomo mi cabeza y distingo en la penumbra, a todo el Curso formado en frente de la tienda. Me levanto y corro hacia la fila, aún adormilado y pretendo insertarme sin que nadie lo note, como si nada ha pasado; pero, escucho al "Papi" Fehlandt decir: ¡¡ saquen de la fila a los Cobardes !!. Me apresto a entender lo que dijo, cuando me cogen del brazo y me sacan de la formación.
Una vez afuera de las filas me percato que llegamos a juntarnos alrededor de 12 Subalféreces o 12 Cobardes, como prefieran, los que formamos con frente a nuestros compañeros y aún mostrando una cara que variaba entre dormidos y sorprendidos. Acto seguido, el atinado "Papi" hace una curiosa arenga, basada en el acto indigno de la cobardía. No entendía nada. Finalmente ordenan un "Reti…..rarse" para toda la Escuadrilla, salvo para los seguidores de Morfeo, los que seguimos a una segunda etapa. Ésta consistió en amarrarnos las manos, vendarnos los ojos y llevarnos por un largo camino, a un hoyo. El Subteniente(A) Carlos Rivera, fue mi circunstancial custodio, quien me condujo al "hoyo de los lamentos", no sin antes conocer todo tipo de baches, estar cara a cara con el polvo, montículos y accidentes varios, para finalmente llegar al lugar de miting y una vez allí, ser interrogado respecto de lo sucedido.
Estábamos entretenidísimos en eso, cuando abruptamente de ser "gallina" paso a ser traidor. ¡Plop!. El discurso cambió y la metodología de interrogación también, los dolores comenzaron a aflorar y las preguntas se orientaron a descubrir una posible concertación para no asistir al llamado y un acuerdo para seguir durmiendo. Teoría que posteriormente supimos dio algún implicado y lógicamente fue la base para que comenzara la caza de fantasmas y en ese proceso estaba yo. El resultado de todo fue que nuestras explicaciones no fueron acogidas y los 12 del patíbulo fuimos condenados por ser complotadores y por tanto, merecedores de las máximas penas que la reglamentación permitía.
Explicación de lo sucedido: Ninguna. Aún no se por qué no desperté, teniendo en consideración que según relatos posteriores, la "farra" que se armó en el campamento, fue de "padre y señor mío" y aquel que no escuchara, es que sencillamente era sordo; por lo que puedo concluir que tengo algún grado importante de sordera. Por otro lado, al dormir en la mitad del túnel-carpa, todos los moradores de la misma salieron disparados por los extremos respectivos, dejando a éste combatiente dormir plácidamente y a pesar de todo, con orgullo, puedo decir que al menos nadie me pasó por encima.
Al otro día, con más sueño que el día anterior, producto del respectivo proceso de reflexión interna que no nos dejó dormir, partimos a la fila; pero, el "Papi" nos tenía preparada otra sorpresita: Todos los Gallinas-Traidores, del día anterior, pasarían a formar a la cola de la Escuadrilla, sin cubre cabezas y además durante el día serían trasladados a la Escuela, en calidad de arrestados, ya que se les había sancionados con 120 Horas de Arresto; vale decir, 2 ½ fines de semana de castigo. Lindo comienzo de año!!!.
En buses llegamos a la Escuela, lamentando lo sucedido y nos recibe un flamante Alférez de Servicio, el que estaba debutando en su cargo, éste era el Alférez (Escorpión) Patricio Mellado, alias el "Cura". Sobrenombre ganado gracias a su aspecto serio, formal, caballeroso, quitado de bulla y debido a que solía usar los pantalones a la altura del ombligo y por lo tanto, dejaba ver siempre sus delgados tobillos. Este Alférez, al saber los motivos del anticipado retorno, milagrosa e intespectivamente se transforma en un hombre de hierro y sin decir "agua va", nos lanza a tierra y comenzamos a hacer unas divertidas flexiones y tiburones, so-pretexto de la alegría de vernos. Ahí comenzaron mis vacilaciones con la Iglesia.
Posterior a tan digno y emotivo recibimiento, nos da algunas instrucciones que entre otras, consideraba permanecer en el Pabellón de Dormitorios, en labores de régimen interno, durante el día y salir solo en los horarios de comidas, oportunidad en donde recibiría una cuenta especial, de los 12 afamados y posteriormente nos pasaría una revista de uñas y otros menesteres.
Como a las 14:30 hrs., del día del retorno, súper bajoneados y sin poder encontrar explicación alguna a lo sucedido, me viene a la mente que en la Enfermería de la Escuela estaba internado y convaleciente el Subalférez del curso Especial de Abastecimiento Carlos Eugenio Naguel, hermano mayor de aquel desafortunado Oficial, nombrado anteriormente en este relato. Charlie" Naguel era una persona muy jovial, con el que durante el año anterior habíamos entablado algún grado de amistad y por lo tanto ameritaba una visita, dado que se encontraba recuperando de una intervención quirúrgica, por algunas molestias anales, las que le fueron extirpadas. Es decir, tenía algún dolorcillo invalidante, que no le permitió asistir a la campaña y quizás necesitaba la compañía de éste soldado, para enterarlo de las últimas novedades. No lo dudé y partí a visitarlo quedándome un largo rato, el que lo dedicamos a comentar los recientes hechos, experiencias y a una entretenida charla, relacionada con las molestias en los sectores bajos.
Volviendo de la Enfermería me dirijo a los baños y me encuentro con el resto de mis compañeros de penurias, los cuales estaban todos con caras largas y muy afectados. Ante tal ambiente de funeral, hago las preguntas de rigor y casi al unísono me explican que recientemente habían sido sorprendidos por el Alférez de Servicio, en los baños, en plena cháchara relacionada con los acontecimientos ligados al Chena, pero hacían fumando. El afamado Cura, había recibido un "soplo" divino y se hizo carne en el momento menos indicado.
Como resultado, de tan divina acción, casi la totalidad de los involucrados en esta historia, fueron sancionados con 60 Horas de arresto; o sea, a las 120 se les sumaban otras 60 y quedaban en la módica suma de 180 deméritos, lo que se traducía en 4 fines de semana sin salida. La locura misma.
Si, fue literalmente una locura si consideramos que durante ese año 1977 pasarían más hechos lamentables, que estuvieron asociadas a grandes repartijas de horas de arresto y particularmente algunos díscolos, como el autor de éstas líneas, se vieron muy complicados para consolidar su paso a tercer año.
Ahora bien, es mi opinión que toda experiencia deja enseñanzas, ese algo que se puede enmarcar en lo anecdótico y para éste caso, puedo decir que existen dos muy claras. La primera de ellas, es resaltar que las benditas Almorranas del "Charlie", no solo fueron motivos de dolor y lágrimas para este amigo, sino que por mi parte fueron motivo de alegría y veneración, por salvarme de un castigo mayor. Y en segundo lugar, el relato nos ha mostrado que todas aquellas personas cuyo sobrenombre pudiera ser "Papi" o "Cura", no necesariamente se les deben asociar a lo benéfico, mágico y paternal del término, sino que por el contrario, hay oportunidades en que sería mejor declararse huérfano o ateo, para poder maldecirlos libremente y no caer en un acto de blasfemia.

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