ÁGUILAS FUERA DEL NIDO
por Eduardo Marchant
Los hombres se equivocan más a menudo por ser demasiados listos, que por ser demasiados buenos.
George Bernard Shaw
Con su típica cara de ojos expresivos, en vitrina por supuesto, y bigotes blancos en Chuss, me dice: "Hola po` Yayo. Así que te las dai de escritor. Bien ahhh….pero escribe algo que yo no sepa po´ h…….". Mmmm…….Me cagó.
Sutil y motivador comentario, fiel reflejo de su estilo y suficiente como para animarme a buscar en la memoria y contarles la siguiente historia, que estimo desconocida para muchos de ustedes y que tiene la gracia de comprometer a 2 ½ bisoños Águilas ávidos de aventuras, ya que en el año en que ocurrió, 1979, tendríamos 19 años. Debo aclarar que la expresión "2 ½ bisoños Águilas" se refiere a los personajes mas adelante individualizados, incluyendo al autor de éstas líneas y por supuesto, dejando a vuestra iniciativa a quien le otorgan la categoría de ½.
De todos pudiera ser conocido que en Iquique, a fines del año 1978, mi fugaz paso por las cabinas de los aviones se vio abruptamente frustrada por, según algunos, carecer de los dotes de talento necesarios para terminar la formación de Piloto de Guerra. Que tristeza en aquellos días. Se pueden imaginar a un joven Águila, oriundo de Valparaíso, maltratado por los designios del destino y sin un horizonte claro a seguir. A la fecha aún mantengo el recuerdo de aquella parabólica y reflexiva frase que el último chequeador de T-37, Comandante de Escuadrilla (A) Don Cesar Topali Frábega, me expresara al darme el veredicto final: "Mira Marchant……., las vacas vuelan…..el problema es que se tardan un poco en hacerlo solas y…….debes entender que la Fuerza Aérea no está dispuesta a pagar por el tiempo que te demores en aprender a volar". Ante tan sólido argumento, lo miro con mi mejor cara de cuadrúpedo en pena y automáticamente pensé: pasa a colgar el buzo de vuelo, eso sería todo!! ……….eres una Vaca!!!. Que agudeza.
Pero como el tiempo siempre da, lo que los hombres quitan; con el paso de los años terminé por entender lo que el instructor me intentó explicar; también debo reconocer que a partir del término de la frase, se comenzó a escribir otra historia en mi vida.
Aquella que se inicia con el viaje de regreso a la Escuela, abordo de un DC-6 desde Iquique a la Base Aérea "Los Cerrillos", lugar en donde me estaba esperando el típico bus azul de Escuela, del cual era el único pasajero. El cochero de ese fúnebre carruaje se detiene en la Sala de Vuelo T-34, me deja, e inicio el camino al Pabellón de Estudios cargando el equipaje y unos cuantos pañuelos mojados. Una vez allí, accedo al 2º Piso y me presento al Comandante de la Escuadrilla de Instrucción Académica, el que me ofreció la alternativa de integrarme al curso Tigres, en una Bandada que se estaba formando con Cadetes, que por distintos motivos habían dejado la Rama del Aire. Dudé unos cuantos segundos, horas, días y después de reflexionar y analizar mis futuros pasos, me decido por ser parte de la afamada Bandada "TIGRE 5".
A modo de paréntesis y con nostalgia de los tiempos pasados, me permito lo siguiente: muchos se acordarán de los Tiger Five, yo más aún. En ese afamado curso, en el cual nos juntamos una cantidad considerable de ex rama del aire y que dicho sea de paso, reunió nuevamente a algunos Águilas que se habían retirado y llevaban un tiempo fuera de la Escuela, personajes como: el "Guty" Gutierrez, el "Pluma" García, el "Teco" Ramirez, el "Cabezón" Crovetto, el "Topo Gigio" García, el "Feo" Acuña, Yo y el "Beto" Clavijo. Todos los cuales teníamos licencia para matar. Era un grupo humano increíblemente entretenido. Todo bien. El caso es que en esta nueva condición, algo nos favorecía conocer al curso de arriba y debo reconocer que el comportamiento de los Águilas estuvo fenomenal (-1), los que de vez en cuando nos visitaban en la sala de estudios, entre ellos estaban Letelier, Ricardo Guerrero, René Barahona, Rodrigo Mena, Bertossi y otros no tan entretenidos, pero amigos todos (-1). Nos pasaban a ver, estaban un rato y se iban ante la amenaza evidente y cierta, de la insubordinación.
El cuento sigue con que a partir del alargue de mi estadía en la Escuela, los cálculos no resultaron acordes a la nueva realidad y tuve la imperiosa necesidad de buscar un nuevo lugar en donde alojar los fines de semana, ya que mi "tutor" (Charlie, Charlie) fue trasladado a Punta Arenas. Cuando me siento a pensar en las alternativas que se presentaban, me acordé de un "Pantera", con el que había estrechado un cierto grado de amistad.
Otro paréntesis: Para quienes les parezca novedoso este término de "Panteras", éstos fueron una agrupación de malos muchachos, nobles y buenos de corazón, que tenía por costumbre hacer peladillas y dar fletas por encargo o sencillamente proporcionar un aplique a aquellos personajes que hacían los méritos suficientes como: no dar el asiento en los buses, sentarse en la parte delantera de los mismos, ser muy cercano a los Oficiales instructores de vuelo, andar hediondo a ala o sencillamente caerle mal a un miembro de tan selecto grupo. Dicha cofradía se evidenció con mayor fuerza en la comisión de vuelo al Norte, puntualmente en Iquique, en donde probaron que su característico chasquido de dedos era letal y por sus manos pasaron muchos, como ser: El "chico" Hurtado y el "Roro" Mena, que se deslizaban comúnmente entre los palos del Olimpo; el "Falaco" Vargas del Campo, el "Pato" Bertossi, el "Chico" Godoy y "David" Ramirez , en unas memorables peladillas al final del bus; el "Huaso" Letelier y la "Rana" Barahona, con sus innovadores modelos de pijamas y el "Pancho" Fuenzalida, al cual nunca pudo ser reducido por su envergadura corporal y aroma axial.
De los miembros de esta sociedad nadie sabe, solo se reconocen por el sonido de sus dedos. Cierre paréntesis.
Carlos Rivera Menares, el famoso "Pincoyano", fue el amable camarada que me tendió una mano y gentilmente me ofrece la casa de su familia, ubicada en San Miguel, para alojar y poder disfrutar de las horas libres a las que tenía acceso, dado que mi comportamiento disciplinario en el 4º año no mejoró en lo absoluto.
El mencionado enano, en ese año, ya de Subteniente recién egresado, se había aventurado en una relación de tipo amorosa, afectiva y quien sabe que más, con una de las simpáticas y graciosas hermanas del "Beto" Clavijo. Éste último, sabedor de los acontecimientos, nos revelaba periódicamente a sus cercanos, algunas de las rutinas que Rivera Menares cumplía en su casa, semana tras semana.
Ahora bien, según mi humilde opinión, ese pololeo lo tenía loquillo por completo y dentro de su demencia le había dado por comprarse un Fiat 600 de color azul, el cual usaba para visitar a la doncella en su residencia, ubicada en Los Dominicos, en donde se comportaba como un caballerito - no le quedaba otra, considerando el papá y los numerosos hermanos que acompañaban a la inocente muchacha - se hacía el invitado a almorzar, a tomar onces y en ocasiones a cenar (no muy lejos de la costumbre del personaje en comento). ¿¿Se acuerdan que éste era el patudo que siempre se colaba en el primer lugar, frente al canasto de colaciones, importándole un huevo que llegara al último??.
Un día sábado, de aquellos de salida general, decidí no viajar a Viña del Mar y quedarme en Santiago, a disfrutar de los placeres capitalinos y como era una de las primeras veces en que me alojaba en la casa del Chico Rivera, éste me pasa a buscar a la cuenta de salida y ambos a bordo del flamante Fito las emprendemos rumbo a la morada. Una vez allí y después de un suculento almuerzo, quedamos vacantes. El Pincoyano me propone que lo acompañe a ver a su polola, aduciendo que en una de esas surgía algún panorama entretenido. No estaba lejos de la verdad.
Ambos fuimos, cual Batman y Robin, en el bólido italiano, llegando a la casa del Beto como a las 16:00 Hrs.
Este chico patudo, ya en confianza y sabiendo que los dueños de casa estaban de viaje, se soltó y comienza su romance con la doncella, sin importarle su entorno. Como yo y el Beto nos sentíamos ajenos al proceso en el cual mi compadre se había embarcado, aburridos y sin panorama a la vista, le dijimos que iríamos en busca de algunas aventuritas que justificaran la salida del sábado y que para eso, necesitábamos el Fiat 600 - con radio AM. Rivera Menares nos mira con cara un tanto extrañado e incrédulo, ante lo insólito y atrevido de la petición; pero, el enano caliente, por no perder la oportunidad de encontrarse tan bien atendido, más aún sin suegros a la vista, cede a la solicitud y extiende su manito para pasarnos las llaves de su chiche italiano.
Ahí comienza nuestra aventura. Con el Beto de copiloto y navegante, emprendimos raudos hacia el sector sur de Santiago, más específicamente hacia La Cisterna; lugar en donde de labios de los Subtenientes Águilas, habían niñas con ganas de pasarlo bien y que además los aviadores tenían chipe libre, por ser vecinos ilustres.
Nos paseamos de Norte a Sur y viceversa, en busca de algunas liebres que saltaran y nos permitieran invitarlas a la aventura, al dancing y si el horno estaba para bollos, por qué no??, si merecíamos algún desahogo para las tensas y extenuantes semanas en la Escuela.
No pasaba mucho y lo único que logramos avistar era una damisela con cara dulce y que denotaba un sentimiento de mucha amistad contenida; pero tanta, que decidimos pararle para ver que planes tenía. La mujer, de unos 20 años, muy bien dotada, de piernas largas que se destacaban frente a una reducida minifalda, la que a su vez estaba ceñida a unas caderas curvas.
Dónde van los niños??, nos pregunta dejando ver su rostro de fina atacameña y ordenándose el cabello negro caído sobre sus hombros. Al mismo tiempo se inclina sobre la ventana del Beto y nos permite observar un pronunciado y generoso escote. ¡¡ Madre mía por qué fuiste tan mezquina con la lactancia que me correspondía !!, fue el primer pensamiento que se me vino a la cabeza. A esas alturas ya no razonaba, sino que el pequeño cerebro se comenzó a manifestar y al parecer no era el único, por que una sutil mirada del Beto Clavijo, me indicó que estábamos en el camino correcto. No lo pensamos dos veces y mi partner abre la pequeña puerta del Fito, hecha hacia delante el asiento del copiloto y se ubica en la parte posterior. Acto seguido, la muchacha amablemente se sienta casi al límite de su envergadura y no sin antes mostrar los muslos morenos y torneados, hechos a medida para Cadetes encerrados durante largos períodos de escuela.
Adónde vamos ahora ??, fue la pregunta que ambos le hicimos casi al unísono. La damita responde que en las cercanías del Paradero 18 están construyendo el nuevo terminal del Metro y debido a eso, quedaban lugares en despoblado, aptos para estacionar con todo resguardo y a plena satisfacción de la clientela. Ya a esas alturas a mi compadre Beto le habían crecido los brazos y las manos, por que del asiento trasero salían unos tentáculos que envolvían a la doncella, por donde cayera. Que manera de disfrutar, mientras que yo conducía y solo me tenía que conformar con hacer algunas incursiones, en el poco tiempo que el semáforo me permitía en el cambio de luces. En este caso y al revés de la lógica aviadora, la luz verde significaba Stop. Que injusticia.
Una vez en el terreno y debido a lo pequeño del móvil, se optó por no innovar en los puestos y después de algunas conversaciones, dedujimos que solo nos interesaría que la niña se dirigiera al país por los micrófonos ya dispuestos. Lo gracioso de todo fue, sin lugar a dudas, que la iniciativa se planteó en base a "momentos" secuénciales y no simultáneos, por lo estrecho e incómodo de los asientos; por lo tanto, mientras estábamos adelante, el de atrás se tenía que hacer el despistado y mirar hacia afuera, por si algo pasaba en las inmediaciones, no sin antes tirar "un poco" las manos a los frutos en exposición, como que no quiere la cosa. Y así, el mismo procedimiento para el de atrás.
Con el cuerpo en paz, fumando y los corazones latiendo ágilmente, recordándonos que teníamos 19 años y podíamos más, dejamos a la muchacha en algún paradero de la Gran Avenida y emprendimos rumbo hacia San Bernardo, en busca de más acción.
Yo había escuchado que la plaza de "Sanbeca" ofrecía muchas facilidades y en donde las damiselas brotaban cual inagotable manantial y era cosa de estacionarse en el lado oscuro del lugar, para acceder a las féminas y con ello a la farra que estábamos dispuestos a comenzar. Qué ilusos.
Pero efectivamente, llegamos al lugar y después de unas vueltas, nos estacionamos en el lado más licencioso y sombrío de la plaza. Allí cual dos huasos apeados del caballo, comenzamos a mirar en todas direcciones en busca de nuestro objetivo, pero lo hacíamos con una sensación de vergüenza y con miedo al ridículo, por los pérfidos pensamientos que se nos agolpaban y aún excitados de la experiencia anterior.
En una de esas, ubicamos a dos señoritas que estaban sentadas en un escaño, las cuales pícaramente nos sonríen y nos dejan ver su intención de socializar con dos mozos que las miraban fijamente. Hola !!, qué están haciendo ?? - pregunta imbécil, pero es de rigor para cualquiera que se precie de galán y conquistador - Nada, esperando que alguien nos invite a pasarlo bien.
Chuuuuuu !!!, era lo que estábamos buscando. Sin titubearlo las invitamos a subir a nuestro orgullo italiano y nuevamente surgió la pregunta: Adónde vamos ahora ?? . Pero esta vez el Beto me hace unas señas y sin esperar respuesta enrutamos hacia el Centro de Santiago.
Ya en el Paradero 30 pasamos a una botillería en busca de la necesaria valentía, por que las muchachas no eran todo lo lustrosa que se quisiera. Ambas eran delgadas, de ropaje no muy sofisticado, ni llamativo, una era más apetecible que la otra, se expresaba bien, cabellos largos teñidos, discreta defensa y algo mejor la delantera. La otra era menos atractiva, pero más habladora y siempre iba a la ofensiva, tratándonos de "huachito" y tocándonos las rodillas, como símbolo de amistad sincera. La verdad, la verdad, …….ninguna tenía una gracia sobresaliente, eran más bien deslavadas y no pasaban la prueba del sol, por ningún motivo; pero, los teteritas teníamos que clavar en ese momento o nunca.
Unas botellas de Pisco 30º más unas pocas bebidas, para comenzar, fue lo que compramos en la Botillería "El Morro". Bebíamos en el auto, mientras recorríamos la Gran Avenida y persuadíamos a nuestras acompañantes de que la aventura debía ir más allá y en eso mi "partner" invirtió mucho esfuerzo y dedicación, ya que al mirarlo por el espejo retrovisor estaba tragándose a la muchacha más atractiva. Fundidos en una sola bola, que se movía de arriba a abajo según pasábamos por los baches del pavimento. No hablaban nada, todo era acción. Una vez más me sentía perjudicado por manejar el bólido, no me permitía explayarme en los argumentos y a la vez no participaba de la ingesta etílica; más bien el consumo se centró en el sector trasero, hecho que iba a tener su consecuencia más adelante.
A la altura del paradero 1 de la Gran Avenida, las cosas estaban totalmente cocinadas y las voluntades apuntaban a buscar algún rinconcito, como un hotel o algo parecido, baratito en lo posible, para manifestar nuestro mutuo cariño y terminar la fiesta en forma privada, considerando que ya habíamos invertido en la bencina, en el "affair" del paradero 18 y el trago del inicio de esta nueva aventura.
Así llegamos al sector de Mapocho y en la calle San Martín encontramos un hotel de mala muerte, el que generosamente nos invitaba a pasar con un felpudo en el piso de la entrada que decía "Welcome". Nos ofrecieron una pieza hedionda, en el segundo piso, en donde había dos camas separadas por una cortina que en sus mejores tiempos fue de color beige y que reflejaba los típicos rastros del smog, el que penetraba a través de una ventana de doble hoja, la que a su vez daba a una calle muy transitada por la movilización colectiva. Pero, tenía un "plus" y éste era que en un rincón había un lavamanos con la típica llave goteando, la que servía para los servicios de aseo posteriores. En resumen, la habitación era una mierda; pero, fieles a la expresión "es la que hay" y lo que podíamos pagar, la acepto.
Salgo a la calle y les aviso a la concurrencia que la pieza era lo que necesitábamos y apta para una sesión de terapia grupal. No se si me escucharon atrás por que el Beto y su doncella aun estaban fundidos en un acalorado romance; pero había un detalle, la dama en cuestión estaba como avión y era la primera víctima de la temprana ingesta de alcohol. Se encontraba atáxica y eufórica, todo lindo. Entre todos la bajamos del auto, lo cerramos y posteriormente la subimos por las escaleras hacia la pieza. Una vez dentro, ocupamos unos cuantos minutos en convencer a la que quedaba sobria, que el lugar no era del todo feo y que si bien tenía algunos detalles, también tenía sus lujos.
Superado el impass nos avocamos a lo principal y cada cual desplegó sus talentos. Ahí se inició el infierno para mi compadre.
Los hechos eran evidentes, ya que gritos y gemidos empezaron a surgir en el ambiente y con la cortina entre ambas camas era difícil disimularlos, pero a medida que pasaba el tiempo comenzaron a sentirse unos golpes secos, similares a un "charchazo", situación que me llenó de curiosidad. Le grito al Beto: Compadre, usted está bien ??. Si, h…….n, no pasa nada. Obtengo como respuesta. Pero al rato y después del clásico rechinar de resortes, comienzan nuevamente los ruidos extraños, curiosos y ante ésto interrogo al gladiador. Compadre, usted está bien ?? . Éste, ya sin ocultar su molestia, sale de atrás de la cortina, en pelotas y reclama: Ésta con…., justo cuando voy a terminar, le da por hacer arcadas y me saca de encima !!!!. Síndrome del "Coito interruptus", pensé yo.
El Beto vociferaba y maldecía. Estando en eso, aparece la amiga, también en pelotas, pero con una cara de borracha total, chascona, tratándose de levantar de la cama. De repente, se toma el abdomen y corriendo se acerca al lavamanos, el que fue elegido para recibir todo el aperitivo ingerido precedentemente. Después de tan fino comportamiento, la muchacha se inca en la base del lavamanos, quejándose y prometiendo no tomar más en su vida. El Beto, en un acto de humanidad extrema se ubica por detrás, la toma por las caderas, para levantarla y llevarla a la cama; pero, cuando la niña estaba con las piernas extendidas, media tembleque y la cabeza aún a ras de suelo, mi compadre observa una nueva perspectiva del problema y después de pensarla, toma la decisión de hacerle nuevamente puntería con su arma en ristre, pero esta vez en configuración "L' pollè pastán". La mujer se resistía y comienzan los movimientos de corcoveo que no molestaban del todo a mi amigo y es más, lo animaban para incrementar la enbestida; pero justo en el momento cuando estaba por sonreír, la muchacha se toma nuevamente el estómago y corre al lavamanos para volcar la vianda. El Beto no la podía creer. En medio de la pieza, en pelotas y con todo el armamento apuntando al cielo, nadie puede!!!
Con esa demostración de poca consideración y agradecimiento, al chef y barman de la fiesta a la que asistió, la mujer terminó en el suelo, botada cual larga era y hablando incoherencias. Ya no daba más. Los observadores de tan felinezca escena, no nos quedó otra que tomar parte y cooperar en cargar al muertito y llevarla a la cama, en donde se quedó profundamente dormida, mientras mi compadre contaba ovejitas a su lado con muchas ganas de comenzar nuevamente.
El tiempo pasó y en vista que Clavijo estaba aburrido, sin posibilidades de poder finiquitar en algún momento, como a las 4:30 de la madrugada tomamos la decisión de irnos; pero, recordamos que éramos Caballeros del Aire y les ofrecemos gentilmente regresarlas a su casa. Acto noble del que después nos arrepentiríamos.
Nos vestimos, lavamos a la curadita y bajamos al auto. Tamaña fue la sorpresa cuando vimos que éste había sido abierto y se habían robado la maravillosa radio AM, algunos chichecitos colgantes y mi maletín de escuela, el que contenía alguna ropa sucia de escuela, acumulada de semanas (por lo menos tuvieron que soportar los olores). Nada que hacer.
Camino de retorno a San Bernardo, por la Panamericana, los dos sentados en los asientos delanteros y las mujeres atrás, no conversábamos nada, solo eran muecas y monosílabos. Estábamos cansados y pensando en las explicaciones que tendríamos que darle al Pincoyano por su radio y colgantes; pero más enojados estábamos con nuestros pasajeros, tanto así, que incluso doblamos el espejo retrovisor para no verles las caras.
Llegamos a la calle Barros Arana y cuando estábamos en mitad de la recta en cuestión, una de las damas dice: Por allí…….nos pasamos….por allí. Frené bruscamente. Puse reversa, ajusto el espejo retrovisor y comienzo a retroceder, mirando solo el espejo, para retomar el rumbo. En eso estábamos, cuando se escucha y se siente un fuerte golpe en la zona posterior trasera. No se divisaba nada, el motor se paró y me bajo raudamente para ver qué había sucedido y al mismo tiempo siento unos gritos al interior del auto Uhaaaaa !!!,,,,,Uhaaaaa !!!….nos morimos, nos morimos !!!!.
Nos había chocado un Camión de color negro, sin luces y cargado de frutas y verduras de la estación, el que se iba a colocar en la feria libre. El chofer, una mujer corpulenta y dos pionetas se bajaron del vehículo mayor y comienzan a culparme del choque, por ir retrocediendo. Yo a su vez, pensaba que ésto era lo último que necesitábamos para coronar la jornada. Estábamos en esa cuando ambas invitadas se bajan del Fiat y se acercan a ver lo sucedido, al llegar al sector trasero, se escucha desde atrás del camión: mira h….., son la vola's del Barracón y andan de fiesta………..andan todos vola'os y copetea'os. En esos precisos instantes nos recordamos que éramos dos dignos Cadetes de la Escuela de Aviación y se nos acabaron los argumentos como para insistir que no habíamos tenido la culpa y dejamos que el camión se fuera y las amigas también.
Sentados en la berma, nos preguntábamos ¿Qué hacer?, eran las 5:00 de la madrugada, oscuro, con hambre y un Fiat 600 hecho mierda en la parte trasera. Desanimados y con pocas esperanzas de encontrar una solución, ni siquiera un teléfono para avisarle a Rivera Menares que de chiche, solo quedaba chucha.
Reflexionando estábamos para ver en dónde estuvo el error, cuando nos acordamos que el "Poto" Álvarez vivía en el sector y en la misma calle en donde nos encontrábamos, solo que una cuantas cuadras más allá. Dicho y hecho, nos pusimos a empujar el vehículo hasta que llegamos a la casa de este compañero de curso, le golpeamos la puerta y ………………………una larga historia sigue de explicaciones, reparaciones, arreglos, malos ratos y todo lo que suele acompañar estos casos.
Catalogar esta historia de buena o mala, no pasa por la discusión de si fue o no una aventura, por que decididamente lo fue, como tampoco quedan dudas que los tres Águilas involucrados podríamos ser postulantes al ½, del inicio de esta historia. A saber, el "Chico" Rivera, por ser como es, Chico; el "Beto" Clavijo, por que esa noche siempre llegó a la mitad de todo y el relator de esta historia, por haber entregado literalmente la mitad de la joyita azul, a quien responsablemente le entregó un auto entero y con radio.

2 comentarios:
NO HAY MAS HISTORIAS TODAVIA HOY nOVIEMBRE 3,2014???
...alguien supo alguna vez ,mas de Jorge Seabrook Delmiglio,Conrado Fillol,Patricio Gonzalez,Marinello,Letelier,Saavedra,Castillo Pradena,Rivas,Teniente Makrinovic,Bruno Amaral,Teniente Hinojosa,el amado Alferez Schiola,Julio Dosal Aladro,Bunster,Hartman,si tienen fotos de la escuadrilla,o bandada #8 publiquenlas...
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